Categoría: Opinión

  • Maratón decembrino

    Maratón decembrino

    El pasado 12 de diciembre, como cada año se festeja el día de la Virgen de Guadalupe. Con ese festejo se inaugura el conocido popularmente maratón Guadalupe-Reyes. Se trata de la serie de festejos decembrinos que principalmente gira en torno a la comida, porque para el mexicano no existe un “thaksgiving”, sino que toda la temporada navideña se concentra en compartir lo mucho o poco que las familias, vecinos o colonias tienen para brindarse al otro. 

    El 12 de diciembre, a donde vayas las calles, capillas, mercados, empresas se convierten en altares temporales para dar gracias a nuestra Tonantzin representada en la Virgen de Guadalupe, pero también representa la esperanza y anhelo de que el siguiente año pueda irnos mejor. Este año, por casualidad pasé a comprar algo al mercado que tengo cerca, los locatarios y consumidores estaban terminando de oficiar la misa a la Virgen, de pronto ya no me dejaron salir sin pasar por mi correspondiente atole y pan para acompañarlos en su festejo. 

    Para el mexicano compartir la comida es señal de un gesto desprendido que simboliza la oportunidad de que ese compartir se convierta en un bumerang que retorne prosperidad. Ese viernes, uno de los amigos de la familia nos invitó a su conmemoración, un convivio comunitario en donde la familia y los amigos se reúnen para festejar a La Guadalupana. Después de la comida se cantaron las mañanitas y una que otra pieza musical alusiva al festejo. 

    Las posadas representan algo similar, las familias se organizan y, por lo menos en Xochimilco, son grandes fiestas que se convocan masivamente para que cualquier persona. El festejo se dedica al Niñopan, una representación del niño dios que no forma parte de la iglesia católica, sino que entraña una tradición cultural de la zona. Cada posada inicia en la mañana con un desayuno para la comunidad, enseguida la misa, después la comida y la visita del niño a la Catedral de San Bernardino de Siena, la procesión y la posada. La comida se convierte en el centro de la convivencia y la mayor parte de las veces es un platillo tradicional. 

    Las cenas de navidad y año nuevo son un motivo para seguir comiendo, donde cada familia responde a su propia tradición; algunas centran el festejo la noche de navidad, para otros, gira en torno del año nuevo, pero siempre algo de comer se hace. Todo responde a eso, la posibilidad de compartir la bonanza, donde cada clan organiza algo y no importa si es creyente o no, las fechas no pasan de largo. 

    Iniciando el año podemos cortar la tradicional rosca de reyes, ya sea en familia, en el trabajo o con los amigos, todos se reúnen para ver quién va a ser el afortunado que compartirá los tamales del día de la Candelaria. Las fiestas reactivan la economía, nos invitan a convivir y nos brindan una forma de reconstruir el tejido social a partir de la conformación de comunidades donde existe alguna posibilidad de apoyo mutuo, aunque sea para ayudar al anfitrión a terminar la comida que ofrece. 

    Felices fiestas y que el año 2026 nos llene de ventura. ¡Provecho! Nos vemos cinco kilos después.

  • El cartel de la Basílica

    El cartel de la Basílica

    La Basílica de Guadalupe, vive una de sus peores crisis en la historia, desde la bomba colocada en 1921, o el cierre del culto público por la pandemia del terrible Covid-19.

    El 14 de noviembre de 1921, fue dinamitada la imagen de la Virgen de Guadalupe, en la antigua Basílica, perpetrado por un trabajador de los ferrocarriles, llamado Luciano Pérez Carpio, la imagen resultó ilesa lo mismo que un crucifijo que estaba la lado, al que se le llamaría El Cristo del Atentado. Este fue uno de los incidentes que impulsaron la guerra Cristera.

    La ausencia del rector de Basílica de Guadalupe, Efraín Hernández Díaz, hoy prófugo de la justicia, ya no puede esconderse, ha sido responsabilizado de vínculos con el narcotráfico desde septiembre pasado cuando el cabildo guadalupano, decidió informar al arzobispo Carlos Aguiar sobre los delitos considerados graves dentro y fuera de la iglesia.

    El 19 de septiembre, la carta del cabildo al arzobispo Aguiar demandó remover al canónigo Hernández a fin de iniciar investigaciones, no sólo por la prolongada ausencia, también por presuntas decisiones que hacen peligrar los bienes del santuario, como contar con “asesores”, plenamente identificados, que actúan como una verdadera mafia de prepotentes a la cabeza de turbios negocios, solapando conductas lesivas contra colaboradores.

    Aguiar protegió a Efraín Hernández y solapó su administración hasta un punto insostenible. Debió destituir al rector de la Basílica de inmediato y abrir una investigación previa canónica comandada por el vicario judicial de la arquidiócesis de México, el obispo auxiliar Andrés Luis García Jasso.
    El 20 de septiembre, Aguiar Retes comunicó al canónigo la decisión de removerlo.

    El decreto 817/2025, suscrito por el arzobispo sacrificó a quien fuera el hombre de sus confianzas, a quien además se le condenaba a “dejar de pertenecer al cabildo de Guadalupe”, pero conservado las licencias para ejercer el ministerio.

    La investigación canónica, abierta el 3 de octubre de 2025, incluyó interrogatorios a los canónigos para esclarecer los hechos contra Hernández Díaz. A través de la investigación previa IP 17/2025, se conocería que el tribunal refrendó la aplicación de medidas disciplinares y la separación del cargo del rector. Por otro lado, la Conferencia del Episcopado Mexicano también ha mostrado su preocupación y, con la diligencia pertinente, espera la conclusión canónica que permita el esclarecimiento de los hechos y en donde los obispos de México estarían ordenando una exhaustiva auditoría a las finanzas de Basílica.

    En tanto la investigación previa se desahogar, otro frente está abierto: el de Roma. El caso llegó al papa León XIV, quien ordenó proceder con la investigación desde la arquidiócesis de México a través del tribunal eclesiástico. Ante esta situación el Papa ordenó que la misa de la Virgen de Guadalupe el 12 de diciembre de este 2025, la presidiera el nuncio apostólico, Joseph Spiteri, quien fue portador de un mensaje del Papa León, recibió Las Mañanitas de la Virgen.

    Aguiar Retes no puede dejar la arquidiócesis de México sin afrontar su responsabilidad, a través de una intervención apostólica y tampoco aventar una bomba de tiempo a las manos de su próximo sucesor.

    Las investigaciones arrojarán más culpables y más delitos.

  • Ni chana ni Juana

    Ni chana ni Juana

    Como bien se sabe, desde hace algunas semanas la Fiscalía General de la República estrenó cabeza, de las manos de Ernestina Godoy, en sustitución de Alejandro Gertz Manero, quien ostentó el cargo por casi 7 años y del que los resultados que se tuvo fueron escasos, tirando a mediocres. La sed de justicia de miles, que esperaban que con la llegada del presidente López Obrador y el nombramiento de Gertz por parte del mandatario, fuera saciada, en realidad se convirtió en agonía.

    El fiscal no solo brillo por su falta de resultados, sino además, por excentricidades y soberbia. No rendía cuentas a nadie, se paseaba a sus anchas en la fiscalía cuándo y cómo quería y según relatos, dejó en el olvido acciones que tenía que llevar a cabo, no se sabe si de manera intencional o no, como el no pedir a la cámara de diputados el desafuero de Alejandro Moreno, por supuestos actos de corrupción.

    Además la extraña manera en la que investigadores del GIEI salieron del país después de confrontarse ante el fiscal, para después acusar que dicha dependencia no había entregado toda la información correspondiente al caso de los 43 normalistas de Ayotzinapa y obstaculizar la investigación.

    En resumidas cuentas, un personaje con un poder inmenso, que utilizó para su beneficio, quien además recibía un sueldo bastante oneroso junto a todas sus prestaciones, que por momentos se sintió intocable.

    Ahora, la presidenta Claudia Sheinbaum corrige el rumbo al incorporar a la trama a quien fungió como procuradora de la Ciudad de México para luego incorporarse a la consejería jurídica de la primera mandataria, una persona de todas sus confianzas y quien ha actuado con mano firme de acuerdo a los encargos que ha tenido, alguien de quien se quejan y proporcionan datos fabricados desde la oposición, la misma oposición que alabó a Alejandro Gertz y su falta de resultados y lo defendieron cuando  este anunció su salida de la Fiscalía. Los hechos no pueden ser más claros.

    Mientras comienzan a caer cabezas que permanecieron en la impunidad en la era Gertz, como la del exgobernador de Chihuahua, César Duarte, quien burlón bailaba en un video luego de haber sido absuelto en EUA por corrupción o una excolaboradora de García Luna, superpolicía de Felipe Calderón, detenida por delincuencia organizada, es momento de preguntarnos porqué motivo, gente tan indeseable como el exfiscal se convierten en actores clave de un movimiento que, lo que buscaba precisamente, era alcanzar una justicia con la que muchos soñaron y que no pudieron saborear quienes fallecieron a su espera, durante los sexenios más oscuros de los gobiernos neoliberales.

    Que no se repita otro Gertz, ni Lilly Téllez, ni Germán Martínez, ni Chana ni Juana. Estamos hartos.

  • El imperio no descansa

    El imperio no descansa

    Estados Unidos no ha dejado de atacar a América Latina. Lo ha hecho durante décadas y lo sigue haciendo hoy, con nuevos disfraces pero con la misma lógica colonial: someter, saquear y disciplinar a los pueblos que se atreven a desafiar su hegemonía. No se trata de errores diplomáticos ni de excesos coyunturales, sino de una política estructural de dominación imperial que concibe a la región como su patio trasero.

    Venezuela es el laboratorio más cruel de este intervencionismo. Bajo el falso discurso de la “defensa de la democracia”, Washington ha impuesto sanciones económicas que constituyen auténticos castigos colectivos. Bloqueos financieros, confiscación de activos, asfixia comercial y sabotaje diplomático han sido utilizados como armas de guerra no declarada. El objetivo es claro: quebrar a un pueblo por hambre y desesperación para imponer un gobierno dócil a los intereses del capital transnacional. Quien crea que esto tiene que ver con derechos humanos ignora —o encubre— la violencia estructural del imperialismo.

    La historia se repite: Chile, Guatemala, Nicaragua, Cuba, Bolivia. Cambian los nombres, pero no el método. Cuando un país decide nacionalizar sus recursos, redistribuir la riqueza o construir un proyecto soberano, Estados Unidos responde con golpes blandos, desestabilización, financiamiento de oposiciones funcionales y campañas mediáticas de criminalización. El capitalismo imperial no tolera desviaciones.

    Con Donald Trump, esta política se vuelve aún más brutal y descarada. Su proyecto no oculta el desprecio por América Latina: amenazas militares, chantajes migratorios, guerras arancelarias y una narrativa abiertamente racista que convierte a nuestros pueblos en enemigos internos. Trump no es una anomalía: es la expresión honesta de un sistema que ya no necesita fingir.

    En este contexto, México no puede permanecer en la ambigüedad. Por historia, por dignidad y por responsabilidad regional, el país debe rechazar cualquier intento de subordinación a la agenda estadounidense. La Doctrina Estrada no es una reliquia diplomática: es una posición política vigente frente al imperialismo. México debe alzar la voz, defender la autodeterminación de Venezuela y de todos los pueblos agredidos, y apostar por la integración latinoamericana como alternativa al sometimiento.

    Callar frente al imperialismo es complicidad. Alinear la política exterior al poder del norte es renunciar a la soberanía. Hoy, la disyuntiva es clara: o América Latina se organiza desde abajo, con proyectos socialistas y populares, o seguirá siendo rehén del capital y de la violencia imperial. México debe decidir si quiere ser muro de contención del imperio o parte activa de la resistencia continental.

  • Sídney como síntoma: qué enseñamos cuando explicamos la violencia a las infancias

    Sídney como síntoma: qué enseñamos cuando explicamos la violencia a las infancias

    El 14 de diciembre de 2025, durante la celebración pública de Janucá en Bondi Beach, dos hombres armados descendieron de un vehículo y abrieron fuego contra cientos de personas reunidas para conmemorar el festival judío. El atentado dejó al menos 16 personas muertas, más de 40 heridas y una comunidad entera marcada por el horror. Las autoridades confirmaron la presencia de explosivos improvisados y declararon el hecho como un acto terrorista. Entre las víctimas se encontraban niñas, niños, sobrevivientes del Holocausto y líderes religiosos. En medio del caos, un comerciante local desarmó a uno de los agresores y evitó una tragedia mayor. Lo que debía ser una expresión pública de identidad y esperanza, se convirtió en un escenario de terror con repercusiones internacionales.

    La cobertura mediática del atentado comenzó minutos después, cuando los primeros reportes confirmaban el tiroteo masivo en una playa emblema de Australia. Las escenas de emergencia, disparos y pánico circularon rápidamente en televisión, plataformas digitales y redes sociales. En muchos hogares, la información fue vista por personas adultas que decidieron proteger a niñas y niños mediante filtros, cambios de canal o explicaciones cuidadosas. Sin embargo, en otros contextos, el acceso fue más directo y sin acompañamiento. En ambos casos, la violencia adquirió una dimensión que ya no se limita al lugar de los hechos: se convierte en experiencia compartida, muchas veces sin preparación previa.

    Lo más inquietante de esta forma de violencia no es solo su letalidad, sino su capacidad para enseñar. Cada atentado deja huella no solo por su brutalidad, sino por la forma en que es narrado, entendido o trivializado. Las infancias no solo aprenden de lo que se dice, sino también de lo que se calla, de lo que se normaliza y de lo que se repite sin cuestionar. Si los hechos violentos se explican como parte del mundo moderno, si se nombran sin contexto o si se convierten en espectáculo informativo, entonces se transforman en lecciones silenciosas. Y esas lecciones, aunque no se noten de inmediato, moldean percepciones y valores.

    En Sídney, el coraje civil de Ahmed al Ahmed irrumpió en esa narrativa. Sin ser parte de ninguna corporación policial y arriesgando su vida, se enfrentó a uno de los agresores y logró desarmarlo. Las autoridades lo reconocieron como héroe. Su acto no reemplaza la responsabilidad del Estado, pero nos recuerda que la violencia no anula por completo la capacidad humana de actuar con dignidad. Esta clase de narrativa es imprescindible. No solo porque inspira, sino porque rompe con la lógica del miedo paralizante. Y ese mensaje también llega a las y los más jóvenes.

    La reacción internacional fue contundente. Gobiernos de distintas regiones, incluida la Secretaría de Relaciones Exteriores de México, condenaron el ataque, expresaron su solidaridad con las víctimas y reafirmaron su rechazo al antisemitismo. Las autoridades australianas respondieron con firmeza, reforzaron dispositivos de seguridad y evitaron atribuciones apresuradas. Pero más allá de las cifras, los discursos oficiales y las investigaciones, lo verdaderamente urgente es preguntarnos qué estamos enseñando cuando explicamos este tipo de violencia. No basta con señalar que ocurrió. Es indispensable contextualizar, reflexionar y transmitir por qué no debe repetirse.

    Porque los atentados no solo buscan causar daño físico. También buscan sembrar miedo, dividir sociedades y erosionar la confianza colectiva. Por eso, la forma en que se explican, especialmente ante niñas, niños y adolescentes, es tan determinante como la forma en que se enfrentan desde la seguridad pública. Explicar con claridad, evitar la simplificación y resistir el espectáculo del horror puede ser tan preventivo como una política bien diseñada.

    El ataque en Sídney recuerda que la violencia extrema no es solo un problema de seguridad ni un fenómeno lejano, sino un desafío cultural que se filtra en la vida cotidiana a través de imágenes, relatos y explicaciones. Más allá de la respuesta inmediata, lo verdaderamente decisivo es cómo estos hechos se traducen para quienes están aprendiendo a entender el mundo. Porque la violencia no se hereda sola: se enseña, se normaliza o se corrige. Y esa elección, silenciosa pero constante, comienza mucho antes del próximo titular.

  • Pinochet vive

    Pinochet vive

    Triste, enojado, derrotado, desilusionado y un gran muro de adjetivos se me vienen a la mente para expresar cómo me siento al conocer la derrota electoral de la izquierda chilena ante la ultraderecha pinochetista filo fascista. De esta derrota política y lo qué significa para Latinoamérica hablaremos a continuación.

    Chile fue el surgimiento de la implementación del experimento neoliberal que llegó con sangre, mucha sangre. Al derrocar al gobierno socialista de Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973 con un golpe de Estado e instaurar una dictadura militar muy sangrienta, miles de desaparecidos y asesinados por muchos años.

    Y esos ríos de sangre vinieron acompañados de una privatización de casi todos los bienes del pueblo chileno. Ahora todo se debía comprar y pagar, ya no existía casi los servicios públicos, todo eso era una ilusión.

    Aún cuando Pinochet pierde a finales de los 80 su mandato en un referéndum histórico que ganó el “No” dando paso a la transición democrática de elecciones, siguió gobernando veladamente el neoliberalismo y las oligarquías chilenas y extranjeras.

    Todo esto trajo mucha pobreza y desigualdad social, que se manifestó en descontento popular de muchos sectores (obreros, campesinos, profesorado, personas sin vivienda y sin pensión digna) donde la batuta principal la tomaron los estudiantes que hicieron movimientos impresionantes.

    La revuelta popular se intensificó hace unos años uniendo a todos los sectores agredidos que con la situación del aumento del costo del metro generó un movimiento social que sacó a más de un millón de personas a la calle y que fue reprimido brutalmente.

    Parte de la victoria de Borich en la presidencia fue debido a esa revuelta popular. Pero claro que les falló, un proyecto de nueva constitución que no contó con el respaldo suficiente porque no se construyó desde la izquierda social.

    Además, no tocó a los mandos militares, defendió a los carabineros, siguió victimizando a los presos políticos de la revuelta mencionada, aumentó la inseguridad y no terminó por implementar las políticas públicas que respondieran al pueblo que lo llevó al poder.

    Este actuar timorato con su pasado dictatorial e incluso con medios de comunicación de derecha también abonó a que se construyera el camino perfecto para que la derecha radical avanzara.

    Pinochet parece ser que no se ha ido de las esferas del poder, ni siquiera teniendo como presidente a un líder estudiantil que luchó contra la neoliberalización de la educación pública fue suficiente, siguió gobernando Pinochet.

    Tanto que aprender de Allende, tanto que aprender de Borich, para bien y para mal son conclusiones que debemos reflexionar, no podemos seguir permitiendo que los gobiernos de izquierda le den paso al fascismo, debemos ser serios y ser de izquierda sin coquetear con la derecha por razones vacías de gobernabilidad y esas mamad@s, México es un faro de luz de la izquierda mundial y debemos tomarnos en serio nuestro papel.

    Redes sociales

  • Tercia de reinas conservadoras

    Tercia de reinas conservadoras

    La derecha escoge mujeres como lideresas para que, cualquier cuestionamiento a su persona, pueda ser llevado al terreno de la violencia política de género y convertirla en una víctima, que, en este caso, suele ser sinónimo de pureza, bondad y ternura, incluso abnegación y sumisión.

    Cada día se suman más, lo cual es saludable a la democracia, de no ser porque la consigna rebasa la idea política que expresan.

    En este momento se han sumado por lo menos tres de ellas, a quienes el oportunismo y la improvisación se muestra de manera tan evidente como su ignorancia política y su incapacidad para tener un cargo público.

    Xóchitl Gálvez, Alessandra Rojo de la Vega y Grecia Quiroz, aparecieron con la misma intención de elevarlas a los niveles más altos de la fama y el poder, pero sin sustento alguno en su trayectoria o en sus propuestas.

    Temerarias en el discurso y torpes en la práctica política son finalmente una punta de lanza para desgastar al gobierno, desde luego hay más que llegan a extremos de paroxismo tal que deberían estar bajo tratamiento si no fuera porque cumplen un papel importante para reventar sesiones y desestabilizar debates, principalmente en el Congreso.

    El caso de las tres es muy similar, se inflaron como los globos, y caen con facilidad al acabarse el gas que las elevó.

    Las aspiraciones de las tres son inconcebibles desde el sentido común, sin embargo, hay fuerzas bien identificadas, que las ubicaron como la solución a todos los problemas del país, incluso del mundo.

    El aparato que diseña la imagen de las tres es el mismo, asentado en redes sociales más que en el contacto directo con el pueblo, con poca preocupación por interactuar con la gente.

    Poca ilustración personal y carentes de una preparación académica sólida consideran que basta con las redes sociales para llegar a la cima de la vida política de México.

    De inteligencia media y vocabulario muy reducido, a la medida de la manipulación de una derecha queque utiliza sus líderes en beneficio de los verdaderos dueños de los partidos de oposición, que ni siquiera figuran entre sus militantes.

    Es decir, personajes ideales para ser conducidos por los titiriteros de la derecha para ganar espacios en los medios, como único camino para darse a conocer.

    La derecha nacional e internacional apuesta fuerte por su ascenso en la carrera política, en los tres casos. El mayor impedimento que tienen para llegar es la conciencia de la población.

    Una de sus características consiste en que a mitad del camino muestran su falta de vocación, la improvisación tiene límites claros, que es la perspicacia de la población, que sabe perfectamente la intención de cada imagen y de cada palabra dentro de esas campañas de humo.

    Imposibilitadas para el debate, pero avezadas en la diatriba, estos personajes mantienen un ritmo de crecimiento que agotan su imagen en los medios por la sobre exposición que pareciera descontrolada o proporcional a su ambición, que no tiene límites.

    El hecho de ser mujeres no las coloca ni en el liderazgo del feminismo o ni a la vanguardia del pensamiento propio de las mujeres. De hecho, hay quien entre ellas se dice feminista y paga salarios a hombres para que golpee mujeres policías en la calle, sin medir consecuencias.

    Son en el fondo misóginas, porque no quieren que ninguna otra mujer las acompañe ni siquiera en la foto.

  • Los trabajos precarios: Una constante en el gobierno

    Los trabajos precarios: Una constante en el gobierno

    El peor escenario para trabajar fue, desde hace 20 años y actualmente el gobierno de la Ciudad de México: en total precariedad laboral, sin prestaciones. Pero siempre con la promesa de una base y de hacer méritos para lograrla.

    Con contratos de cada tres meses, si bien te va, y con la advertencia de ser despedidos sin consideración, si no se cumplían las metas. Como en la iniciativa privada. Aunque sin nada de lo básico que da una empresa: Imss, Fondo de Ahorro, Infonavit…Y una liquidación impensable. Contradictorio con lo apenas expuesto por la presidenta quién ha expresado en que cualquier ajuste de personal se hará con apego a la ley, incluyendo liquidaciones y prestaciones correspondientes.

    Eso dijo la mandataria en el contexto de ajustes del 2025 que se buscaría no afectar al personal operativo y de base, enfocándose más en el personal de confianza y burocracia central. Insistió en que cualquier ajuste de personal se hará con apego a la ley. El enfoque de Sheinbaum es modernizar la administración pública y empresas estatales, bajo principios de austeridad, pero reafirmando que los despidos (si ocurren) deben seguir la Ley Federal del Trabajo, otorgando la liquidación que por derecho corresponda a los trabajadores afectados.

    Quizá se refiere a los trabajadores de La Suprema Corte de Justicia, para que se calmaran un poco los ánimos, por los despidos recientes y más que justificados por la tremenda corrupción de jueces y magistrados; les aseguró Sheinbaum que se les liquidaría conforme a la Ley; tal vez también se refería a varios directivos de Pemex, a los que despidieron por detectarse que había duplicidad de funciones, así como también actos de corrupción, y los  que no solo tienen sindicatos fuertes, sino con que pagar abogados.

    Sin embargo qué pasa con los miles de trabajadores del gobierno de la ciudad. Y hasta con algunos que fueron empleados del equipo de Sheinbaum, y a los que sabemos de buena fuente que se les despidió sin ninguna consideración legal. Obviamente sin ninguna liquidación.

    Qué pasa con los despedidos de la Secretaría del Trabajo del Gobierno de la Ciudad donde alrededor de 150 compañeros y la que suscribe fuimos despedidos hace 7 años. Sin importar en lo absoluto el desempeño y la antigüedad de alrededor de 20 años en prácticamente todos los casos.

    Qué nos queda, después de 20 años; es complicado rearmarse, volver a reinventar un presente sin un quinto, más que el salario del mes. Pues no hubo liquidación para ninguno de los operativos que estábamos por honorarios. Lo más triste es que los nuevos contratados todavía entraron a laborar y en la Secretaría del Trabajo, bajo peores condiciones: con horarios extenuantes, y con lugares de trabajo temporales y programas piloto.  O sea la precariedad laboral sigue siendo en todos los casos la directriz.

  • ESE HOMBRE

    ESE HOMBRE

    Reescribe la historia de México sin saber que la ha reescrito ya. Lo hizo liderando a todos los que lo apoyamos en una odisea que parecía imposible: sacar a los poderosos —a los hombres y mujeres del dinero y a los gobernantes corruptos— de las decisiones nacionales, es decir, “separar el poder económico del poder político”, y emprender un nuevo camino en el que los pobres siempre tengan la prioridad. 

    Llegó caminando más de mil kilómetros con el Éxodo por la Democracia, una caravana en la que se protestaba por un fraude electoral en Tabasco. Luego apareció con un tajo en la cabeza, derramando sangre en la camisa, pero con altivez, determinación y con la dignidad de luchar por las causas más justas. Gobernó la Ciudad de México y después el país de manera intachable. Para eso tuvo que sortear fraudes electorales, guerras sucias, mentiras y calumnias. Su discurso ante el desafuero fue preclaro: “No estás solo”, le dijo la gente, le dijimos todos. Luego vino la traición, el robo de la presidencia, el fraude, el presidente espurio que bañó en sangre al país y que trajo dolor y corrupción…

    Se fue regalándonos un libro, con el que para colmo nos da las gracias cuando nosotros somos los que tendríamos que agradecerle a él. Ahora, un año después nos ofrece otro libro en el que busca escribir de nuevo una historia que nos han vendido toda la vida. Su relevo, la presidenta Claudia Sheinbaum ha dicho: “Un hombre con esa voluntad y con ese pensamiento es invencible”.

    Como de la nada apareció. Siempre luchando. Primero, en Tabasco, su tierra natal. Él le dio un nuevo rumbo a la política pues estaba convencido de algo que llevó siempre como bandera: “Por el bien de todos, primero los pobres”. Esta convicción política se convirtió en el humanismo mexicano y culminó, luego de una presidencia exitosa, con un dato digno de Ripley: 13 millones 400 mil mexicanos salieron de la pobreza y se redujo la desigualdad del 35 al 16 por ciento.

    Él tuvo que luchar por años contra una megaestructura conformada por partidos políticos anquilosados, empresarios convertidos en delincuentes de cuello blanco, medios de comunicación cooptados por la mano sucia del dinero, así como ataques subrepticios y descarados de la derecha internacional.

    Con tenacidad, sobrevivió a todos los embates porque “solo el pueblo puede salvar al pueblo”, solía decir. Él tenía un proyecto de nación, un proyecto alternativo para transformar la República. Él tenía una profunda idea de la democracia. Parece lejos, pero hace apenas una década él y un grupo de hombres y mujeres convencidos de que un México mejor sí era posible registraba un nuevo partido llamado Morena. La idea era impulsar la cuarta transformación de la vida pública nacional.

    Pongamos que hablamos de su grandeza. En su libro más reciente, Andrés Manuel busca reivindicar la vigencia de las civilizaciones antiguas, sometidas y negadas, pese a que son las que han favorecido nuestras cualidades, las características de los mexicanos, nuestros valores morales y espirituales.

    La revolución de las conciencias ha sido el hito por medio del cual pudo transformarse el país. Sin embargo, hay personas que, lamentablemente, no alcanzan a ver la dimensión de la obra de Andrés Manuel López Obrador, el pedazo de presidente que tuvimos. El hombre que un día caminó más de mil kilómetros y que tiempo después nos ayudó a recuperarnos como país, esto es, a recuperar la dignidad del pueblo de México.

  • Administrar no es gobernar

    Administrar no es gobernar

    No fue una sorpresa, pero sí fue una herida. La segunda vuelta presidencial en Chile no se perdió por una ola conservadora repentina, sino por algo más silencioso y más doloroso: la desconexión entre la izquierda gobernante y la gente que alguna vez confió en ella. La derrota de Jeannette Jara no cayó del cielo; se fue construyendo, día a día, en la distancia entre el discurso y la vida cotidiana.

    Durante la campaña, se habló mucho de estabilidad y muy poco de urgencias. Mientras el país real seguía contando pesos, esperando horas en el sistema de salud o lidiando con la precariedad, la izquierda eligió la prudencia como lenguaje. Pero la prudencia sin convicción no tranquiliza; enfría. Y en política, el frío se traduce en abstención.

    La tibieza no fue un accidente, fue una decisión. Se evitó confrontar, se suavizaron las promesas y se apostó a que el miedo a la derecha bastaría para movilizar. No bastó. Mucha gente no se fue con la derecha: simplemente dejó de ir a votar. No porque no le importara, sino porque dejó de sentirse parte del proyecto.

    Gabriel Boric acompañó, sí, pero desde la distancia. Su apoyo fue institucional, correcto, casi administrativo. Faltó calle, faltó cuerpo, faltó ese gesto político que recuerda por qué se llegó al gobierno: para cambiar las cosas, no sólo para gestionarlas mejor.

    Jeannette Jara no perdió sola. Perdió una izquierda que confundió responsabilidad con renuncia y diálogo con silencio. En ese vacío, la derecha avanzó sin necesidad de convencer demasiado.

    Chile no giró bruscamente a la derecha. Lo que ocurrió fue más grave: la izquierda dejó de ofrecer una promesa clara de futuro. Y cuando un proyecto político deja de emocionar, deja de existir como opción real de poder.La lección es incómoda pero necesaria: la izquierda no pierde cuando incomoda, pierde cuando se vuelve irreconocible para su propia gente.