Ganar un partido no le devuelve las islas Malvinas a Argentina

Los jugadores argentinos celebraron el pase a la final con un reclamo histórico sobre las islas, pero un resultado deportivo no cambia lo que pasó hace 44 años.

El festejo argentino tras vencer 2-1 a Inglaterra incluyó un gesto que nadie olvidó: una bandera blanca con letras negras que decía “Las Malvinas son argentinas”. Giovani Lo Celso y varios compañeros la extendieron sobre el césped, justo cuando la algarabía por la clasificación a la final llegaba a su punto más alto.

El mensaje resulta comprensible desde el orgullo nacional. También resulta, con todo respeto, un poco ingenuo. Ningún gol de Lautaro Martínez ni ninguna atajada de “Dibu” Martínez modifica un tratado internacional. El fútbol emociona, pero no firma acuerdos de soberanía.

Conviene recordar cómo se perdieron realmente las islas. En abril de 1982, la dictadura militar argentina, encabezada por Leopoldo Galtieri, ordenó la invasión de las Malvinas para desviar la atención de una crisis económica y social interna. El Reino Unido respondió con una fuerza militar muy superior y recuperó el territorio en junio del mismo año, después de 74 días de guerra. Murieron 649 soldados argentinos y 255 británicos.

Esa derrota militar, y no un partido de fútbol, definió el estatus actual de las islas. Por eso las autoridades argentinas prohibieron el ingreso de banderas y camisetas con esa consigna al estadio de Atlanta. La ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, calificó el mensaje como “contenido político” antes del partido.

De todas formas, la prohibición no alcanzó a los propios jugadores. Adentro de la cancha, sin controles de acceso, el reclamo volvió a aparecer como ya había ocurrido después de vencer a Suiza en cuartos de final. La consigna se coreó, se cantó y ahora también se mostró en una tela.

El fútbol funciona como un espacio simbólico donde Argentina puede sentirse ganadora frente a Inglaterra. Eso explica por qué el planteo emocional pesa tanto en cada cruce entre ambas selecciones. La cancha, en cambio, no resuelve disputas territoriales ni cambia mapas.

Argentina jugará la final del domingo contra España, con la ilusión intacta de repetir la gloria de Qatar 2022. Las Malvinas, mientras tanto, seguirán exactamente donde están: bajo administración británica, ajenas al resultado de cualquier Mundial.

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