Por una hispánica hispanidad que nos hispanice hispánicamente

a mis compatriotas y familiares con nacionalidad española por opción.

Vivimos tiempos acomplejados en los que las buenas costumbres y el deber ser generan vergüenza en lugar de orgullo. En los que los mayores logros históricos se ven opacados por minucias como el bienestar ajeno. Por fortuna, siempre tendremos voces como la de Fernando Savater —otrora antifranquista y republicano, cada vez más cercano al conservadurismo simplón— que defienden la libertad de oprimir al otro, de blandir la espada, aniquilar civilizaciones enteras y vanagloriarse por ello (Savater, F. (2025, 12 de octubre). ¿Por qué no la Hispanidad? The Objective)*.

El que la ‘Fiesta de la Hispanidad’ se celebre tímidamente rebautizada como Fiesta Nacional de España, y que en muchos países —México entre ellos— ni siquiera sea motivo de descanso obligatorio, habla de lo mal que están las cosas ¿En qué momento la “hazaña de hombres admirables” dejó de ser una hazaña admirable de una pandilla de saqueadores imperialistas? ¿En qué momento los pueblos originarios, “no especialmente merecedores de alabanzas.”, esos que ya vivían en el territorio que los españoles ‘descubrieron’, cobraron más importancia que la que merecen los europeos?

La promoción de la mediocridad llega a tal grado que, como dice Savater en su nada vulgar escrito, negamos que los nativos “aprovecharon el acontecimiento para desarrollar su potencial paralizado de renovación”, Por acontecimiento hay que entender pérdida masiva de vidas, violaciones, epidemias, trabajo forzado, subordinación cultural, etc. Lejos de reconocerlo, hablamos de “matanzas, colonialismo esclavista [y extractivista], desprecio a los «vencidos»”. ¿Cuál desprecio si los que no murieron por viruela o cocoliztli tuvieron libertad de elegir entre morir por la espada o renunciar a su identidad? Tendríamos que reprochar a los conquistadores no el que llegaran, sino el que se fueran, expulsados por las hordas independentistas, y nos dejaran a expensas de nosotros mismos.

Entrados en gastos

Urge desterrar el resentimiento que rechaza ”la modernidad que llegó con las carabelas”, la modernidad del cristianismo más rancio. Urge dejar de lamentar la pérdida de “cultos tribales”. De este lado no había civilizaciones complejas, ciudades planificadas, reinos, sistemas fiscales e imperios capaces de organizar grandes poblaciones y vastos territorios; no había desarrollo de ingeniería hidráulica, agricultura intensiva, matemáticas, astronomía, metalurgia, administración y medicina; es más, no había seres humanos con la derecho a definir su destino; había, para utilizar la desafortunada analogía del peor Savater, señoritas que, aquellos que cruzaron el Atlántico, encontraron tomando el sol en la playa, señoritas con las que luego se casaron. Y por ello deberíamos gritar agachonamente, ¡Viva el Rey!

* Los entrecomillados pertenecen a Savater.

  • Carlos Bortoni es escritor. Su último libro es Polvo, publicado por Casa Editorial Abismos.

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