Raúl Castro, la soberanía cubana y la hipocresía de Washington

Cada cierto tiempo, desde Estados Unidos reaparece el intento de criminalizar a figuras históricas de la Revolución Cubana. Ahora el objetivo vuelve a ser Raúl Castro, en una narrativa que pretende presentar a Cuba como amenaza mientras se omite deliberadamente una parte fundamental de la historia: décadas de agresiones, terrorismo y operaciones encubiertas impulsadas o toleradas desde territorio estadounidense contra la isla.

Porque para entender el conflicto entre Cuba y Estados Unidos hay que recordar algo que muchas veces se borra convenientemente: la Revolución Cubana no solo enfrentó bloqueo económico, sino también sabotajes, atentados y grupos violentos organizados desde Miami.

Uno de los casos más conocidos fue el de la organización Hermanos al Rescate, presentada durante años por medios estadounidenses como una agrupación “humanitaria”. Sin embargo, desde Cuba se denunció reiteradamente que sus sobrevuelos violaban el espacio aéreo cubano y eran utilizados como provocaciones políticas en coordinación con sectores anticastristas radicales.

Al frente de ese grupo estaba José Basulto, personaje ligado históricamente a operaciones apoyadas por la CIA y entrenado en el contexto de las acciones encubiertas contra Cuba durante la Guerra Fría.

Washington exige respeto absoluto para su seguridad nacional y su espacio aéreo, pero durante décadas toleró —e incluso protegió políticamente— operaciones aéreas ilegales contra un país soberano.

Lo que rara vez se menciona es que el gobierno cubano emitió múltiples advertencias antes del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. Según registros y denuncias del propio gobierno de la isla, existieron alrededor de 25 advertencias previas señalando que esos vuelos debían detenerse porque violaban el espacio aéreo cubano.

La pregunta es simple: ¿qué habría hecho Estados Unidos si aeronaves vinculadas a grupos hostiles sobrevolaran repetidamente su territorio desafiando advertencias oficiales?

Ninguna potencia del mundo permitiría operaciones aéreas ilegales permanentes sobre su territorio. Ningún Estado aceptaría provocaciones constantes sin responder.

Ahí es donde el discurso estadounidense pierde legitimidad moral. Porque mientras acusa a otros de autoritarismo o violencia, ha respaldado históricamente bloqueos, operaciones encubiertas e incluso grupos vinculados a acciones terroristas contra la isla.

La propia historia de la Red Avispa refleja esa realidad. Los agentes cubanos infiltrados en organizaciones anticastristas en Florida no operaban en medio de un escenario pacífico, sino en un contexto donde existían antecedentes de atentados, sabotajes y planes violentos contra Cuba. Desde la perspectiva cubana, aquellas operaciones eran parte de una estrategia defensiva frente a amenazas reales.

Cuba tiene derecho a decidir sobre su espacio aéreo, sobre su seguridad nacional y sobre su destino político sin amenazas externas ni operaciones desestabilizadoras promovidas desde otro país.

Porque detrás de los ataques constantes contra Raúl Castro y la Revolución Cubana no solo existe una disputa ideológica. También existe el intento permanente de castigar a un país que decidió no subordinase completamente a los intereses de Washington. Y eso, para ciertos sectores del poder estadounidense, sigue siendo imperdonable.

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