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  • Cantinflear con ideológica desideologización

    Cantinflear con ideológica desideologización

    Da gusto que la política mexicana cantinflee y reivindique elementos propios de la idiosincrasia nacional que parecían despreciados por las altas esferas partidistas, que se alejan de aquello que les resulta innegablemente próximo. La carta de presentación de ese baluarte de la democracia y la libertad que constituye Somos México, en proceso de convertirse en partido político nacional, afirmando que “no pertenecen a ninguna etiqueta ideológica tradicional” que “no es un partido de ideologías duras” que no es “de izquierda ni de derecha”, deja tan claro como el lodo cuales son sus principios, y que, si a alguien no le gustan, tienen otros.

    En Somos México convergen tres vertientes distintas que provienen del mismo afluente  de indefinición pragmática y lucha por la recuperación de los privilegios perdidos, se puede encontrar desde ex árbitros electorales que dominaron el arte del gatopardismo democratico para que todo cambiara sin que nada cambiara, mientras se aferraron al IFE/INE como un hueso que no se puede soltar; pasando por ciudadanos apartidistas, más partidistas que los partidarios, defensores del mercado, críticos de las políticas redistributivas, y que privilegian el papel de élites, instituciones y la “racionalidad”, sobre demandas populares; hasta demócratas constipados como Guadalupe Acosta Naranjo, Emilio Álvarez Icaza, Cecilia Soto y Fernando Belaunzarán, aliados del orden institucional jerárquico y de un estilo de política poco participativa, más de élite, autoritarios moderados pues.

    En pocas palabras, nada de ideologías, sino todo lo contrario, una firme ideología no ideológica disfrazada y no declarada. Una ideología encubierta, funcional al statu quo y los privilegios de los privilegiados, que reniega de una visión transformadora y reduce la política a la mera “gestión eficiente”, después de todo, ¿qué necesidad hay de cambiar algo si no hay nada que cambiar? México es un paraíso igualitario, justo y democrático, al que sólo le falta decretar que es primer mundo para ser primer mundo, al que sólo le falta creérsela, imaginar cosas chingonas.

    Entrados en gastos

    Lo bueno, es que esto de no ser de izquierda ni de derecha o ser de izquierda al mismo tiempo que se es de derecha sin dejar de ser de derecha, ni dejar de ser de izquierda, pero no por eso siendo de izquierda o de derecha, no es exclusivo de Somos México. No. Morena cubre todo el pantone político, el PAN sostiene que sus valores son patria, familia y libertad, al mismo tiempo que promueve políticas a favor del mercado que desarticulan la vida familiar, y el PRI y Movimiento Ciudadano como dicen una cosa, dicen otra. México es, afortunadamente y pesele a quien le pese, un país libre de ideologías que navega a la deriva del mercado, protegido por su invisible mano interventora, omnipresente y omnipotente.

    • Carlos Bortoni es escritor. Su última novela es Historia mínima del desempleo.

  • El llanto del general

    El llanto del general

    Hay momentos en la vida pública de un país que condensan años de dolor en unos cuantos instantes. El lunes, durante la conferencia de prensa de la presidenta, el general Trevilla casi rompe en llanto al referirse a los elementos caídos en cumplimiento de su deber; hablamos de todo un gesto humano que condensa lo que ha sido la realidad del dolor que deja consigo la lucha contra el crimen. En ese instante que pasará a la historia, el general cargó sobre sus hombros el peso de miles de víctimas, nos mostró el rostro de una institución que, bajo una perspectiva distinta a la de la guerra contra el narco de Felipe Calderón, se enfrentó de manera valiente a los generadores de violencia.

    El abatimiento del llamado “Mencho”, líder del CJNG, no es un asunto menor, se trata de uno de los principales articuladores de la violencia criminal contemporánea en México que sembró terror y convirtió regiones enteras en zonas de guerra no declarada.

    Por eso, el llanto del general para nada representa debilidad, sino una catarsis pues se trata del desahogo de quien sabe que en cada operativo se presentan consecuencias humanas profundas como en este caso. Sin embargo, mientras millones de mexicanos sentimos un orgullo profundo, no dejan de aparecer los comentócratas que prefieren el mezquino cálculo político, negándose a reconocer que hoy el combate a la delincuencia organizada se realiza con determinación y se rehúsan a admitir que el Estado está recuperando territorio, autoridad y legitimidad con acciones contundentes como esta. Aquí lo lamentable es que se exijan resultados inmediatos al mismo tiempo que se desprecia cualquier avance si este no encaja con su narrativa, por eso resulta una verdadera lástima que se les olvide que la seguridad se construye con estrategia, inteligencia, coordinación y, sí, con el uso legítimo de la fuerza.

    Ahora bien, combatir a los grandes generadores de violencia no excluye la obligación de combatir las causas. La pobreza estructural, la desigualdad lacerante, la descomposición comunitaria y la corrupción institucional han sido históricamente el caldo de cultivo del crimen organizado. Luego entonces, pretender que la pacificación dependa exclusivamente de operativos armados sería tan ingenuo como pensar que los programas sociales no resultan importantes para desarticular cárteles transnacionales dado que la paz verdadera exige ambas dimensiones: autoridad y justicia social.

    En este punto cobra relevancia la visión de un nuevo partido que emerge en el debate público: el Partido PAZ. En su Declaración de Principios se afirma que la nación necesita reconciliación, reconstrucción del tejido social y un nuevo pacto basado en libertad, igualdad y respeto a la ley lo que en este país no se puede tomar como retórica abstracta sino como reconocimiento de que la violencia no es solo un fenómeno criminal, sino una fractura moral, económica y cultural. PAZ plantea, entre sus ejes centrales, la pacificación nacional, la transformación de la cultura política y la formación de nuevos liderazgos éticos, es decir: no solo enfrentar al delincuente, sino transformar las condiciones que lo producen a partir de ejercer autoridad, de dignificar la vida comunitaria y de recuperar el sentido de nación.

    El orgullo que muchos mexicanos sentimos por el papel del Ejército y la guardia nacional en esta coyuntura es el reconocimiento pleno de que el Estado no puede abdicar de su deber de proteger. Debemos comprender que la fuerza pública no es enemiga de la paz cuando esta se ejerce bajo la ley pues se trata nada más y nada menos de su condición previa.

    Por esa razón, el llanto del general simboliza algo más profundo: el cansancio de una guerra prolongada y la esperanza de que estemos entrando en una etapa distinta, la de la reconciliación sin impunidad donde ni la justicia sea venganza ni la paz sea resignación. Nuestro país necesita una nueva generación de liderazgos que entiendan que la seguridad no es una bandera partidista, si el Partido PAZ aspira a convertirse en esa alternativa, su reto es enorme pues debe demostrar que puede articular autoridad, ética y comunidad para impulsar un nuevo pacto social donde la vida y la paz sean valores superiores a cualquier cálculo electoral. Hoy, el llanto del general en un país que ha sufrido demasiado desde la absurda guerra contra el narco puede representar la posibilidad de recuperar la esperanza de vivir sin miedo. En esa esperanza radica la verdadera victoria de nuestras fuerzas armadas y de su Comandanta Suprema.

    • Luis Tovar
      Secretario General de la Fundación para la Defensa del Medio Ambiente. FUDEMAH
  • Ranking de universidades 

    Ranking de universidades 

    Durante este mes recibí la invitación para participar en una encuesta a profesores, cuyo objetivo es realizar una guía de las mejores universidades de México. El ejercicio está organizado por el periódico El Universal, lo cual me generó demasiadas preguntas sobre el proceso metodológico de la encuesta, así que pedí algunos detalles que describo en este escrito. 

    Están haciendo un “ranking general de instituciones”, donde se aplicarán mil encuestas de 67 instituciones que aceptaron la invitación aunque solo consideran siete estados de la República Mexicana. Entonces, resulta que el ranking general no es tan general porque solo participan: la Ciudad de México, Estado de México, Jalisco, Morelos, Nuevo León, Puebla y Querétaro. 

    Con este inicio ya se ven elementos que cuestionar en la metodología, porque de las 31 entidades de la república, únicamente se consideran siete. De los estados participantes no se determina un universo de profesores concreto, no se me aclara qué criterios se dan para considerar las Instituciones de Educación Superior, pero sí se consideran las de sostenimiento público y privado. Se concentraron en profesores de universidades, pero muchos trabajamos en más de una universidad, sobre todo si tenemos contratos temporales, a pesar de que el periódico elaboró el instrumento acompañado de instituciones como la ANUIES este detalle no se aclara si se considera. 

    Para la selección de los informantes El Universal envió una serie de requisitos a las instituciones participantes y éstas se encargaron de devolver la lista de datos personales de los profesores que las universidades seleccionaron. Me comentaron que se invita a participar a instituciones que forman parte de la ANUIES y FIMPES, ellos son quienes exigen si participan en dos modalidades disponibles: ranking de universidades o programas de licenciatura. Esto también deja desprovisto de validez la información estadística ya que no hay una selección del tamaño de la muestra por lo cual no es representativa porque cada universidad determina si participa o no. 

    Cuando respondí la encuesta me di cuenta que el instrumento parece más una evaluación sumativa para calificar numéricamente a las instituciones. Te dan una lista de Instituciones de Educación Superior y uno tiene que determinar la asignación de una puntuación del 1 al 10, donde 1 es una calificación baja y 10 la calificación más alta. La entrevista se desarrolla vía telefónica y la entrevistadora te nombra las universidades para que uno las califique, eso es todo. Los resultados se publicarán el próximo 17 de marzo en la página oficial del periódico, por si les interesa saber cuáles son los resultados, le dedicaré una lectura detallada.

    Xunu’

    Aprovecho esta entrega para enviar mi pésame al personal de las Fuerzas Armadas que el domingo perdieron la vida, mi amplio reconocimiento al Gabinete de seguridad y todo su personal. Mi felicitación por el exitoso operativo del fin de semana que espera ser un paso para ver al país en paz. 

  • Debates amañados de los medios

    Debates amañados de los medios

    Los debates políticos que se proyectan en la televisión y transmiten por la radio, no muestran una apertura a las opiniones diferentes de la élite que gobernó el país durante muchos años, sino que tienen una intención siniestra.

    Porque no deja de extrañar que en medios tan reaccionarios, incluso fascistas, como Radio Fórmula haya debates, que quieren aparecer como imparciales de origen, pero lo que buscan es darle espacio a la oposición, pero no cualquier espacio.

    El objetivo radica en que el poco público que le queda a este tipo de medios, considere que desde el momento en que se enfrenta un representante del PAN o del PRI, representa al mismo número de gente que quien va en nombre del partido en el poder.

    Esa es la idea, hacer creer en la equidad de fuerzas, porque desde el momento en que aparecen en un debate en igualdad de circunstancias, quiere decir que tienen la misma representación social. Y ganar un debate en estos medios representa para el optimismo desbordado de la derecha, un anuncio de futuras victorias en las urnas.

    Evidente muestra de desesperación que hacen de sus fantasías una realidad que nunca llegará, porque la representación reflejo de la voluntad del pueblo, una población que ha decidido no ser influida por los medios que sirvieron de propaganda a los regímenes que mostraron su capacidad y engaños, gracias a sus voces, siempre discordantes con la realidad.

    Convencer al su auditorio de una mentira, es un fraude de los medios, lo mismo que hacen los comentócratas, quienes ocupan más tiempo en crear estrategias de convencimiento que en investigar sus contenidos informativos.

    Es decir, medios y vocingleros del conservadurismo, engañan a quienes los hacen ricos: a su público. No engañan a la competencia ni a los ciudadanos informados, engañan a los suyos.

    En los debates los partidos de oposición enviar representantes entrenados en la mentira, con consignas prefabricadas con los viejos esquemas de la descalificación y los cuestionamientos. Jamás han colocado en un debate a personas que tengas propuestas que identifiquen a sus partidos, porque es evidente que carecen de ellas.

    Es decir, el tema lo coloca el medio, con acuerdos previos en lo oscurito, en favor de la oposición, como cuando Azucena Urtesti trató de sorprender el morenista Arturo Ávila, dando un espacio telefónico a la alcaldesa corrupta de la Cuauhtémoc, sin estar programado en el esquema del debate. De todas maneras, la mujer poco preparada y bastante viciada por sus intereses, perdió la discusión.

    Se trata de mostrar a la minoría opositora, en fuerza política sólida para hacer de sus derrotas resultado de una competencia reñida y así poner en duda o desmentir victorias ajenas. Quieren hacer de las elecciones un aparente juego reñido, con los debates como telón de fondo. cuando hay una gran diferencia de votos entre los candidatos de oposición y los del partido en el poder. Las urnas no mienten y es un testimonio que los medios no pueden desestimar porque la gente dejó de creer en ellos.

    Los debates tratan de que las fuerzas políticas parezcan equilibradas, donde la oposición dé la impresión de ser un contrapeso. No es así, basta con consultar los resultados electorales y las encuestas serias.

  • México entre el reacomodo criminal y la responsabilidad del Estado

    México entre el reacomodo criminal y la responsabilidad del Estado

    El domingo que parecía uno más sin sobresaltos, sin agenda extraordinaria terminó convertido en un punto de inflexión. La captura y muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como El Mencho, provocó un efecto dominó que confirmó algo que los especialistas en seguridad llevan años advirtiendo: cuando se toca la cúspide de una estructura criminal sin neutralizar simultáneamente sus nodos operativos, el sistema no desaparece, se reconfigura.

    Durante años, Oseguera fue considerado por agencias mexicanas y estadounidenses uno de los objetivos prioritarios, con acusaciones por tráfico de drogas, armas y operaciones trasnacionales. Su figura se convirtió en símbolo de poder dentro del crimen organizado contemporáneo. Pero los símbolos no son lo mismo que las estructuras.

    El vacío de poder y la reacción violenta

    Tras la caída del líder, se activaron células en distintas regiones del país. Bloqueos, incendios de vehículos y ataques selectivos fueron reportados por la prensa. El mensaje fue claro: demostrar capacidad de respuesta y mantener presencia territorial.
    Aquí surge la pregunta estratégica: ¿la operación fue integral o focalizada?

    En modelos de combate al crimen organizado utilizados por agencias federales en Estados Unidos, los golpes de alto impacto suelen ejecutarse bajo esquemas de operativos simultáneos y coordinados. No se trata únicamente de detener a un líder, sino de congelar cuentas, asegurar redes logísticas, intervenir comunicaciones y capturar mandos regionales en la misma ventana temporal. El objetivo es evitar el reacomodo inmediato.

    En México, la experiencia histórica demuestra que cuando no se desarticula la cadena completa, los mandos medios se dispersan, se ocultan o escalan la violencia para posicionarse dentro de la nueva correlación de fuerzas. El resultado no es el fin del problema, sino una fase de turbulencia.

    El debate político: fuerza frontal o inteligencia estructural

    En el Senado, la voz de la senadora Lilly Téllez no tardó en aparecer. Con su estilo directo, pidió a la presidenta Claudia Sheinbaum asumir una postura más agresiva frente al narcoterrorismo, evocando la estrategia militar desplegada durante el gobierno de Felipe Calderón.

    El dilema no es ideológico; es técnico. La estrategia de confrontación directa puede generar impactos inmediatos, pero también eleva los riesgos de violencia colateral si no va acompañada de inteligencia financiera, judicial y territorial. Por otro lado, los enfoques exclusivamente preventivos o sociales no bastan cuando las organizaciones mantienen poder de fuego y control logístico.

    La pregunta central no es si se debe actuar, sino cómo y con qué sincronización. La experiencia internacional muestra que el éxito depende de la coordinación interinstitucional y del cierre simultáneo de múltiples frentes.

    Boca del Río: cuando la violencia salta al deporte

    Mientras el país analizaba el reacomodo criminal, en Boca del Río se registraba otro episodio de violencia, esta vez en el Centro Deportivo “Hugo Sánchez”, donde una riña entre porras terminó con una persona fallecida. Aquí el problema no es el crimen organizado, sino la gestión de riesgos.

    En cualquier evento masivo existen parámetros técnicos claros: proporción de elementos de seguridad por número de asistentes, protocolos de control de venta de alcohol, monitoreo de comportamiento alterado y coordinación directa con fuerzas municipales. Cuando esos mecanismos fallan o se relajan, la responsabilidad se vuelve compartida entre organizadores y autoridades.

    El deporte no debe frenarse. Al contrario: es una herramienta de cohesión social. Pero sin protocolos estrictos, el espectáculo se convierte en escenario de tragedia.

    Desarrollo e infraestructura: la otra cara del Estado

    En contraste con estos episodios, la inauguración del hospital del IMSS en Coahuila mostró otra dimensión de la acción pública. La presidenta Sheinbaum y el gobernador Manolo Jiménez Salinas encabezaron un acto que simboliza inversión en salud e infraestructura social.

    La seguridad no puede entenderse sin desarrollo. Hospitales, escuelas, conectividad e inversión industrial fortalecen el tejido social y reducen el caldo de cultivo para la criminalidad. Pero desarrollo sin control territorial también es vulnerable.
    México enfrenta una ecuación compleja:

    Seguridad sin desarrollo es contención temporal. Desarrollo sin seguridad es fragilidad estructural. Solo la combinación de ambos puede generar estabilidad sostenible.

    Conclusión

    La caída de un líder criminal no es el final de una historia, sino el inicio de una nueva etapa. El reto para el Estado mexicano es evitar que el reacomodo se traduzca en mayor violencia y, al mismo tiempo, mantener el impulso en infraestructura y cohesión social.

    La política exige firmeza, pero también precisión. La seguridad requiere fuerza, pero también inteligencia. Y el desarrollo demanda continuidad más allá de la coyuntura.

    México no necesita improvisación; necesita coordinación estratégica y visión de largo plazo.

  • Algo está pasando. Interpretando a Matt Shumer

    Algo está pasando. Interpretando a Matt Shumer

    A inicios de febrero se publicó en un blog personal un texto que comenzó a circular con intensidad en redes tecnológicas. No fue un informe académico ni un comunicado empresarial. Fue una advertencia. Matt Shumer tituló su artículo Something Big Is Happening y lo enmarcó con una comparación inquietante: dijo que este momento se siente como febrero de 2020, cuando pocos percibían la magnitud de lo que estaba por desatarse. La analogía no es menor. Sugiere un desfase entre percepción pública y realidad tecnológica.

    Shumer no habla en condicional. Afirma que el desplazamiento laboral ya comenzó en su propio trabajo. Sostiene que modelos actuales ya construyen aplicaciones completas si se les describe el objetivo y se les deja trabajar durante horas. Relata escenas concretas: se define una app, se regresa después y está terminada; el sistema prueba su propio código, detecta errores, itera y corrige sin intervención humana. No es una herramienta que asiste. Es un agente que ejecuta.

    El autor recoge además una afirmación atribuida a Dario Amodei: hasta 50 por ciento de empleos white collar de nivel inicial podrían desaparecer en un plazo de uno a cinco años. Menciona derecho, finanzas, medicina, consultoría, escritura, ingeniería de software. No plantea que sea una posibilidad lejana; sostiene que la capacidad subyacente ya estaría disponible. Ese dato es el que detonó conversación masiva. No hablamos de robots industriales, sino de oficinas, pantallas y jóvenes profesionistas.

    Cuando se refiere al trabajo cognitivo, Shumer habla del trabajo de mente: analizar contratos, programar sistemas, estructurar diagnósticos, diseñar estrategias. Es el tipo de empleo que durante décadas se consideró protegido frente a la automatización. Su tesis es directa: esa barrera se estaría erosionando con rapidez.

    Otro elemento central es lo que denomina una posible intelligence explosion. No solo porque los modelos mejoran, sino porque estarían ayudando a construir la siguiente generación. La idea de AI building the next AI adquiere un sentido exponencial cuando se afirma que ciertos sistemas ya fueron instrumentales en su propio desarrollo. Si la herramienta participa en su mejora, el ritmo deja de ser lineal. Se convierte en aceleración acumulativa.

    Shumer también introduce una dimensión geopolítica. Recupera el experimento mental de Amodei: imaginar un país con el equivalente a 50 millones de mentes superinteligentes trabajando de forma coordinada. Las implicaciones no serían solo económicas, sino estratégicas. Menciona riesgos de bioarmas diseñadas con apoyo algorítmico y escenarios de vigilancia autoritaria potenciada por inteligencia artificial avanzada. El debate deja de ser laboral y se vuelve de seguridad nacional.

    El texto tiene un tono personal que no es casual. Shumer escribe para su familia. Afirma que existe una brecha entre lo que se dice públicamente y lo que él observa en su trabajo cotidiano. Señala que las personas merecen escuchar lo que está ocurriendo desde dentro. Esa carga testimonial fortalece su credibilidad. No se presenta como profeta, sino como testigo.

    ¿Por qué generó tanto revuelo? Porque combina cinco factores poderosos: una voz interna del sector tecnológico, ejemplos concretos de ejecución autónoma, una predicción cuantitativa de reemplazo masivo, la narrativa de explosión de inteligencia y una analogía histórica que sugiere inminencia. No es un paper técnico. Es una advertencia situada en tiempo real.

    Desde una perspectiva mexicana, interpretar este texto no implicaría asumirlo como verdad absoluta, pero tampoco minimizarlo. Si la capacidad ya está disponible y el desplazamiento podría acelerarse, los sistemas educativos, laborales y regulatorios tendrían que anticiparse. La planeación estratégica sería indispensable. La experiencia demuestra que el Estado puede intervenir para proteger derechos cuando reconoce a tiempo las señales de cambio.

    Tal vez la pregunta no sea si Shumer tiene razón en cada cifra o cada plazo. La pregunta sería si estamos dispuestos a observar con seriedad el ritmo del cambio. Porque cuando quienes están dentro del laboratorio levantan la mano y dicen que la velocidad se ha multiplicado, el debate deja de ser tecnológico y se vuelve cívico. Y en ese terreno, no podemos darnos el lujo de llegar tarde.

  • El Mencho

    El Mencho

    La noticia de la muerte de Nemesio Oseguera Cervantes, alias El Mencho, ha generado inmediatamente un festín de titulares sensacionalistas. Para algunos, es el final de una figura temida; para otros, la posibilidad de un “mejor futuro”. Pero cuando despojamos el relato de sus adornos mitológicos, hay una verdad mucho más incómoda y profunda: El Mencho fue otra víctima del mismo sistema económico y político que dice combatir.

    No hablo aquí de justificar sus crímenes —nadie con dos dedos de frente puede relativizar el sufrimiento de las miles de familias destrozadas por la violencia vinculada al narcotráfico—, sino de entender cómo ese fenómeno crece y muere en un terreno que no es ajeno a nuestra sociedad: el capitalismo salvaje en su forma más perversa.

    El Mencho no surgió de la nada. Nació, como muchos otros, en un México desigual donde la pobreza, la falta de oportunidades reales y la violencia cotidiana son el pan de cada día. En ese caldo de cultivo, la economía ilegal no es solo una alternativa: es una válvula de escape para quienes no encuentran otra puerta abierta.

    Si el capitalismo premia la acumulación de riqueza a cualquier costo, ¿por qué nos escandaliza que quienes están fuera de los circuitos legales busquen su propia acumulación? El mercado —legal o ilegal— siempre ha sido un terreno fértil para quienes mejor negocian los márgenes de riesgo y violencia.

    La muerte del Mencho es, en términos históricos, un síntoma más de un sistema que no solo tolera la violencia, sino que la estructura y la rentabiliza. Cada operativo, cada enfrentamiento, cada líder que cae, alimentan un ciclo donde hay ganancias privadas para unos pocos y pérdidas irreparables para la mayoría.

    Porque en este sistema:

    • La pobreza es estructural, no accidental.
    • La marginación social genera economías paralelas.
    • La violencia se administra como un insumo más.
    • Y el costo humano siempre lo paga el pueblo.

    Mientras no transformemos las raíces económicas y sociales que hacen posible el nacimiento de figuras como El Mencho, estaremos condenados a ver caer piezas de un tablero sin tocar jamás el tablero mismo. La violencia no es un enemigo externo a nuestras estructuras: es una consecuencia lógica de un modelo que convierte todo —vidas incluidas— en mercancía.

    Redes sociales

  • Cuando el deber se cumple, incluso en silencio

    Cuando el deber se cumple, incluso en silencio

    La mañana del 22 de febrero de 2026 no fue una más para México. En el municipio de Tapalpa, Jalisco, el Estado mexicano enfrentó uno de los momentos más delicados y determinantes de los últimos años en materia de seguridad. A través de un operativo federal, oficialmente confirmado por la Secretaría de la Defensa Nacional, murió Nemesio Oseguera Cervantes, identificado por las autoridades como líder del Cártel Jalisco Nueva Generación.

    Detrás de este hecho no hubo improvisación ni protagonismos. Hubo meses de trabajo técnico, de análisis de inteligencia y de coordinación institucional entre distintas dependencias del Gobierno Federal.

    La Sedena informó que en el operativo participaron elementos del Ejército Mexicano, la Guardia Nacional, la Fiscalía General de la República y el Centro Nacional de Inteligencia, todos actuando bajo una misma estrategia y una sola cadena de mando.

    Durante el despliegue, el personal federal fue agredido por integrantes del grupo delictivo. De acuerdo con la información oficial, las fuerzas armadas repelieron el ataque en ejercicio de la legítima defensa, conforme a los protocolos establecidos. Como resultado de ese enfrentamiento, varios agresores resultaron heridos, entre ellos Oseguera Cervantes, quien perdió la vida durante su traslado aéreo para recibir atención médica especializada.

    Más allá de los datos, este operativo refleja el cumplimiento del deber. Cada elemento involucrado enfrentó un escenario de alto riesgo con profesionalismo, disciplina y compromiso con la seguridad de la población.

    El respaldo del Gobierno Federal ha sido claro. Desde el Gabinete de Seguridad se informó que existen protocolos listos para atender cualquier reacción derivada del operativo y que la presencia federal se reforzó de manera preventiva en distintas regiones del país.

    El operativo en Tapalpa reafirma que cuando las instituciones trabajan de manera coordinada y con respaldo político, el Estado mexicano puede enfrentar con firmeza a la delincuencia organizada, siempre con apego a la legalidad y al interés público.

  • El poder del Estado mexicano y los malditos zopilotes

    El poder del Estado mexicano y los malditos zopilotes

    El pasado domingo 22 de febrero, después de años de trabajo para contrarrestar la herencia sangrienta que nos dejaron los gobiernos del PRIAN, nos enteramos de la confrontación que sostuvieron las fuerzas del orden del Estado mexicano contra integrantes del CJNG en el que, como es de conocimiento general, fue abatido su líder, Nemesio Oseguera Cervantes.

    Este enfrentamiento y posterior deceso del criminal más buscado del mundo, rompe con sexenios en los que los cárteles del narcotráfico crecieron de manera descomunal en poderío económico y armamentístico al cobijo de gobiernos federales, convirtiéndose en generadores de violencia y sobrepasando a autoridades en distintos estados de la república. Además, se sabe que también fungen como administradores de negocios millonarios como la producción de aguacate o frijol, utilizando el amedrentamiento a campesinos.

    Desde luego, se entiende que con este ataque al corazón del CJNG y la baja de su líder, el narcotráfico en México no se acaba. La realidad es que aún existen más cárteles que se dedican por ejemplo, a la extorsión, narcomenudeo y cobro de piso; y también se cuenta con el problema de la ilegalidad con la que las armas que usan estos grupos van a dar a sus manos, provenientes de los Estados Unidos o como dio cuenta el secretario general Trevilla en su informe del lunes 23 de febrero, el uso de un lanzamisiles de manufactura Rusa con el que en 2015, la asociación que fundó Oseguera Cervantes derribó un helicóptero militar. Sin embargo, monta un precedente en la lucha contra estas organizaciones criminales. Se sustituyen las complicidades y corrupción que fortalecieron a estas y se dejó de tener un narco-Estado como el que prevaleció en el sexenio de Felipe Calderón y su exsecretario de seguridad, Genaro García Luna, preso en Estados Unidos por narcotráfico.

    No obstante los hechos, no dejan de existir “zopilotes”: pseudo periodistas, influencers y analistas de ocasión, quienes puedan pensar lo contrario y se sientan convencidos de que, por una parte, nada ha cambiado, de que estamos incluso peor que antes y, por otra, al decirse defraudados, lancen arengas derrotistas a sus seguidores-lectores-televidentes; en realidad se trata de una minoría que o bien están desinformados o pudieran perseguir compensaciones monetarias que les motive a arremeter contra la actual administración.

    No es que este gobierno sea perfecto, de hecho, en últimos días ha dado pasos atrás y adelante en alguno de sus tres niveles, pero resultan evidentes las diferencias con los otros, contrarios a su ideología donde la impunidad, represión y violencia, escalaron hasta el verdadero hartazgo social. Se supone que una de las cualidades que deberían tener los mencionados “zopilotes” de ocasión es la buena memoria, cualidad que, en cambio, sí posee el pueblo que los sufrió por muchos sexenios y al que tratan de manipular y que poco o nada les cree.

    • X: @Pablo_OcampoEsc

  • El zapato del ministro

    El zapato del ministro

    La desproporcionada indignación de la derecha por la adquisición de camionetas para los ministros surge como si estuvieran planeado su asesinato.

    El odio de la derecha tan exacerbado como inexplicable arroja esta posibilidad lógica, luego de una serie de críticas a los cambios esenciales para alcanzar un Estado de Derecho que nunca existió en México.

    Se redujo la renta de las camionetas por mil 200 millones al año, por la compra de nueve camionetas blindadas por menos de 30 millones de pesos. Pero aún así, contrariamente toda lógica elemental aritmética.

    Lo mismo sucede con los comentarios sobre la limpieza de los zapatos del presidente de la Suprema Corte, porque personas que en el pasado le lamían las suelas de los zapatos a los presidentes.

    El periodo de López Portillo creó remedos de periodistas, con carrera trunca de Derecho, gracias al servilismo indigno e indignante de quienes ahora se autodenominan líderes de opinión.

    Los presidentes en ese entonces eran monarcas que diariamente jugaban tenis en las instalaciones de Los Pinos como si el país fuera de su propiedad y los súbditos debían tomar, con sus propias manos las toallas mojadas de sudor de los presidentes con tal devoción como si se tratara de la Sábana Santa. Como estos actos de escatología los sirvientes del llamado Jolopo, se convertían en alcahuetes del presidente, también de su esposa.

    Se han olvidado de todos los actos de servilismo cotidiano que destruía su dignidad y avergonzaba a sus familias. Simplemente y de manera reciente, el hecho de que una asistente haya tomado con su mano un chicle masticado de la entonces candidata del PRIAN, se convierte en un motivo suficiente para no hablar del tema de los zapatos del presidente de la Suprema Corte, pero comentan como si la población no tuviera memoria.

    El culto a la personalidad ante el Presidente de la República, hizo ver excesos como normales, tanto que siempre fue considerado el tlatoani, todavía algunos comentaristas que no se actualizan, intentan utilizar el término para cuestionar algunas actitudes de los presidentes de Morena, como muestra de autoritarismo.

    Ese culto a la personalidad a los presidentes del PRIAN fue difundido y legitimado por los mismos medios que ahora cuestionan un gesto aislado, fortuito y con explicación lógica, no se trata de una acción cotidiana sino producto de un incidente esporádico. Es característico de teocracias, monarquías y democracias fallidas según su definición.

    El servilismo en los regímenes del PRIAN llegaba a extremos que nunca denunciaron los medios, precisamente porque eran percibidos como gestos naturales, incluso obligados. Ahora, estos mismos personajes que tienen sucias las manos del sudor de presidentes del neoliberalismo y de saliva de candidatas trasnochadas, se burlan de la memoria de los mexicanos.

    La desproporción en la visión de la realidad de México, los condenan al inmediato desprecio de la población que paulatinamente abandona esa rancia forma de informar en medios incondicionales a una derecha que encuentra en actos como éstos, que no dejan de ser descuidos imperdonables, la única manera de combatir una realidad ordenada por el pueblo.