Burdo fraude en Colombia

Basta y sobra con que Trump apoye algo para saber que se trata de un tema de sumisión a su política. Basta y sobra que el ultraderechista, Alejandro Moreno haya asistido a presenciar las elecciones en Colombia para asegurar que hubo un burdo fraude electoral, que según el priista realiza de manera discreta, cuando en realidad hay evidencias muy claras de esa práctica.

Los empresarios han aprendido que invertir en los fraudes electorales es un buen negocio, por lo que deben planificar su participación y así lo hicieron desde la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, del 29 de mayo, advirtieron a sus empleados que si votaban por Iván Cepeda serían despedidos. Como se sabe a los empresarios no les va mal con la izquierda pero prefieren tratar con la derecha.

Acoso como éste hubo muchos, la idea de que Iván Cepeda era guerrillero visto ahora, como sinónimo de delincuente común modificó la intención del voto de una clase media temerosa, que olvidó su propia historia, porque no saben o no recuerdan que Simón Bolívar y Francisco de Miranda fueron también guerrilleros y crearon una nación libre con las armas en la mano.

La megalomanía del mandatario del norte, intenta imponer sus títeres, y por ello apoya al pederasta Abelardo de la Spriella, como se lo dieron a Daniel Novoa, también con un fraude electoral de por medio, la liberación ordenada desde la Casa Blanca de Juan Orlando Hernández, actos aplaudidos por Alejandro Moreno, quien asistió personalmente a las elecciones de Ecuador, Perú y Colombia, donde la opacidad en el proceso electoral imperó.

Los hilos de Trump imponen presidentes en América Latina, la vuelta al pasado se repite con una similar precisión que muestra el retroceso de la historia, una pausa en la evolución de la especie y un imperdonable regreso al pasado conservador.

La ultraderecha tiene en la desaparición de la soberanía un gran interés y una de sus consignas ideológicas más severas. La manera en que se llevó a cabo el fraude electoral, no permite consideración alguna para llevar las alteraciones de los resultados a los más altos tribunales del mundo donde no tenga injerencia el delirante mandatario de Estados Unidos. Si se permite que gobierne.

Es decir, lo que la ultraderecha llama la nueva normalidad implica la imposición del miedo como una manera de vencer, desde lo más profundo del pensamiento latinoamericano, su propia libertad.

El itinerario de los golpes de Estado con apariencia de fraude electoral lo marcan las fechas de elecciones. Nos e trata de atacar al más débil primero, sino de aprovechar las coyunturas que permiten las elecciones. Esto quiere decir, que con Alito y Trump a la cabeza desde ahora se trata de desarticular la historia de México para que, en julio de 2027, se haya afectado el tejido social e tal manera que desmantele la cohesión que existe alrededor de la Presidenta, diluya la historia nacional y a los principales protagonistas del movimiento que gobierna el país.

Si se permite el fraude en Colombia, será más fácil hacer lo México con México y luego con Brasil.

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