Trump lanza a su títere a Haití

Todas las trampas para impedir el triunfo de Luiz Inacio Lula da Silva, fueron tendidas, en ninguna cayó la población despierta de Brasil.

Se manipularon resultados, sabotearon el transporte público, alteraron algoritmos, toda una serie de agresiones a la democracia y al pueblo brasileño. Finalmente, y a pesar de los sabotajes de la derecha ganó la voluntad popular.

Los mecanismos legales de Brasil recogieron los pasaportes de Flavio Bolsonaro. Sin las redes sociales y los medios convencionales era un candidato no sólo débil sino prácticamente inexistente. Sin embargo, era la última arma de la derecha brasileña, carente de líderes, de razón de ser, de consignas y política propia, como sucede en México con la derecha. Se quedó fuera de la jugada de la política.

Inmediatamente, se inició el proceso de legitimidad de Bukele como del próximo líder de Latinoamérica, y Estados Unidos puso a su títere a bailar.

La estrategia se plantea en dos frentes, al interior de El Salvador, Bukele tendrá que sacar de la cárcel a la mitad de los pandilleros para permear entre la población una propaganda que lo lleve al triunfo electoral el 28 de febrero del próximo año.

Son más de 50 mil pandilleros adoctrinados en la cárcel para inducir el voto a favor del Eterno Presidente de El Salvador.

En lo exterior, se orquestó una invasión a Haití, financiada por Estados Unidos, aunque diga Bukele que sólo el 10 por ciento sería su participación, en realidad fue financiada en su totalidad por la Casa Blanca.

Cuba tendrá que encender sus alertas al tener un ejército enemigo como el de El Salvador a 500 kilómetros. La movilización de las tropas salvadoreñas no tendrá como objetivo final la derrota de las pandillas haitianas.

Con permiso de las autoridades de Haití, que no las hay en realidad, y la anuencia del vecino de ese país, República Dominicana, Bukele llega con 2 mil soldados a exterminar a las pandillas, integrada por delincuentes sin entrenamiento, con hambre y sueño y armados con los despojos que Estados Unidos les vende.

Desde ahora la clase media latinoamericana , a la que costó décadas enteras a la derecha para convencerla de que el principal problema de sus países era la inseguridad, apoyan las medidas de Bukele y lo ponen de ejemplo.

La popularidad de Bukele disminuye rápidamente en El Salvador, de ahí la necesidad de soltar a la mitad de los pandilleros, que tenía en prisión como un trofeo a su vocación para violar los derechos humanos, poque se dedicó a integrar como pandilleros a los disidentes y los metió en una misma celda sin miramientos.

Las cárceles de El Salvador crearon una sensación en algunos sectores de la región, sobre todos de la derecha, que intentan copiar el diseño; sin embargo, las consecuencias de centrar atención y presupuesto a meter a la cárcel a todos arrojaron problemas en otros rubos que quedaron olvidados como la educación, la vivienda y la salud, motivos por los que Bukele y la derecha tendrá cada día menos votos, pero si el plan de Haití resulta como esperan puede recuperar terreno dentro y fuera de su territorio.

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