Como sucede con quienes van perdiendo espacios políticos Trump se asemeja al PAN; mientras las derrotas los definen, más grita triunfos del pasado y amenazan con ganar más espacios en el futuro, pero sólo los obtiene en los medios.
Otra de las similitudes es su adicción a la mentira, Trump declaró que estaba rodeado de gente tonta, por lo que no sólo se refería a los integrantes de su gabinete, sino a los asistentes de la reunión del Escudo de la Américas, quienes le hacen comparsa en cada decisión sobre Latinoamérica.
Trump ha perdido la memoria, la dignidad, las simpatías de su pueblo (31 por ciento de aceptación), la guerra, la cordura, y puesto al descubierto el espectáculo del desmentido.
Sus amenazas no son avisos sino deseos incumplidos y frustraciones reiteradas. Ahora, hundido en la derrota desde dentro de su país, con una manifestación de más de 8 millones de estadounidenses en las calles, que exige su renuncia, en una revuelta que intentó convertir en guerra civil, en su país el rechazo se vuelve una rebelión contra su mandato. No es la rebeldía contra un sistema caduco, aunque sea la primera expresión de un descontento generalizado a futuro, sino contra una sola persona.
Ni siquiera la Revolución Mexicana tuvo como fin principal la salida de Porfirio Díaz sino del sistema que lo sostenía. A Trump no lo soporta ni el sistema del que dice ser parte, tampoco lo quiere en sus filas el partido que lo postuló.
La decadencia de un país que se dice democrático, cuyas elecciones son campo de batalla de sólo dos partidos, sin diferencias sustanciales, no puede llamarse democracia; sin embargo, el descontento no es por la necesidad de diversificar ideas políticas en las urnas sino porque el actual emperador se sale de su propio guion y no se vuelve un transgresor sin control.
Olvida que la consigna esencial de la política estadounidense es el control individual y social, en el pensamiento y la acción. Desde el cine hasta las conferencias de prensa de la Casa Blanca, tienen como objetivo el control de la población.
El control de la voz popular, la censura en los medios, la manipulación en la información, la implementación del miedo con sus diferentes fantasmas, los extraterrestres, los terroristas, los narcotraficantes, los comunistas, los árabes, etc.
La creación de fake news estructuradas en una estrategia política tiene su origen en Estados Unidos, y surge con mayor auge en tiempos de guerra, no es gratuito que la teoría de la comunicación de los nazis haya surgido en la Segunda Guerra Mundial con Joseph Goebells. Pero el tercer Reich duró sólo 12 años, una vez descubierta la gran mentira.
La contraparte del bulo, o fake news es el desmentido. Se sabe, que, incluso hasta en el momento en que se desmiente una mentira, se está hablando de ella. Es una especie sofisticada de tergiversación de la realidad en favor de una causa conservadora.
El simple hecho de desmentir crea dudas, sobre todo en un mundo con multiplicidad de formas de información, donde cada día se suman elementos que diversifican la interpretación de la realidad y no la realidad.
Pero es control al fin y al cabo, cada mentira requiere de un desmentido y desde que existe el desmentido se está ocupando tiempo y espacios en descartar de la realidad una falsedad, en cuyo proceso también existe un control.
Nunca la labor de los medios ha sido otra que manipular, la función periodística se creó para dar a conocer el mundo que los propietarios de los medios conviene dar a conocer.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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