La figura de Donald Trump, su postura, su lenguaje y su forma de ejercer el poder han tenido efectos profundos en la sociedad mundial, no solo en gobiernos, sino en la vida cotidiana de millones de personas.
Trump dijo en voz alta lo que antes se maquillaba, racismo, misoginia, desprecio al migrante, burla al débil y mostró con un cinismo enorme su deseo de saquear los recursos naturales de otros países.
Con Trump el autoritarismo dejó de presentarse como excepción y empezó a verse como una opción legítima, el resultado ha sido sociedades fracturadas, familias divididas, injusticias, mucho dolor y diálogos imposibles.
Más allá de titulares, el efecto se siente en el tejido social, hay mucho enojo y frustración.
Pero como no todo es malo, también hay un lado bueno en todas las historias, Trump también ha provocado una reacción opuesta, provocó el despertar de las conciencias, más personas se informan, se organizan, defienden derechos, cuestionan el abuso de poder, ha obligado a muchos a tomar postura ética y a entender que la democracia no se hereda, se cuida, se protege.
En gran parte de la sociedad mexicana, Trump despertó una conciencia más clara sobre la dignidad del migrante, la fragilidad de los derechos humanos, la importancia de no normalizar el autoritarismo, la urgencia de una ciudadanía crítica y activa. Muchas personas comenzaron a informarse más, a cuestionar discursos simplistas y a comprender que la democracia no se defiende sola.
Y bueno, mientras el mundo atraviesa una crisis que está obligando a revisar conciencias, privilegios y formas de ejercer el poder, la derecha mexicana parece haberse quedado fuera de ese proceso, lejos de cuestionarse, persiste en la misma postura de siempre, clasista, racista, profundamente desconectada de la realidad social del país, no hay autocrítica ni evolución, solo nostalgia por un orden desigual que ya no tiene cabida.
Les pregunto… ¿Qué tipo de sociedad queremos ser cuando la frustración, el miedo, la rabia y la injusticia tocan nuestra puerta?
La respuesta no vendrá de Washington, vendrá de nuestra capacidad como sociedad de elegir conciencia sobre reacción, dignidad sobre desprecio y humanidad sobre poder, porque al final, el verdadero impacto de Trump no se mide en muros, en aranceles, en abusos, en saqueos, en apoyo a genocidios, sino en lo que cada sociedad decide hacer con el reflejo que le fue puesto enfrente.
Les mando un abrazo fraterno.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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