Lo sucedido contra Israel Vallarta, encarcelado 20 años, sin sentencia, declarado inocente de secuestro, debería ser, por sí solo, un motivo fundamental para la normatividad de los medios con falta de ética y los periodistas carentes de profesionalismo; sin embargo, cualquier modificación a la impunidad en la que viven actualmente los medios es considerado por toda su estructura como un acto de censura y un atentado a la libertad de expresión.
Es precisamente por esa impunidad que los medios se convirtieron en tribunales y juzgaban en lugar de la Suprema Corte, ordenaban detenciones como si fuesen ministerios públicos, definían la culpabilidad que les dictaban los intereses que los patrocinan. Incluso mostraban con todo descaro, la podredumbre de un Sistema Judicial, que hacía de los delincuentes personas honorables y de éstas unos delincuentes como es el caso de Israel Vallarta.
El poderío de los medios, con la anuencia del poder político, llegó al extremo de fabricar culpables y se armaron montajes para seguir el juego a una mafia de secuestradores que iniciaba en el Poder Judicial y terminaba en los medios, arrojando un sinnúmero de víctimas que representan una de las peores violaciones a los derechos humanos, con la complicidad de presidentes de empresas de medios y presidentes de la República.
A lo largo del tiempo, los medios se convirtieron en el campo de batalla ideal de la guerra sucia política. Es decir, los espacios estaban abiertos a cualquier tipo de información sin importar si era verdadera o falsa, bastaba que es espacios fueran recomendados, alquilados o vendido para su difusión. Sin reglas claras en el periodismo la democracia que sustentaría por definición, se convierte en delito fascista.
Los medios convertidos en depositarios de dimes y diretes que tienen sus espacios propios de debate y discusión y que los sustituye el discurso libre e inconexo de la realidad de la noticia falsa. Marginando así prácticas legislativas que deben realizarse con mayor altura más nivel intelectual, pero que, en los medios cobran la calidad de calumnia.
La fuera sucia desatada contra la actual gobernadora de Veracruz, consistió en un sinnúmero de reportajes, declaraciones, entrevistas compradas, supuestos testimonios que una serie de medios dieron por hechos consumados, con el objetivo de detener el avance de Rocío Nahle a la gubernatura. A pesar de esa guerra, ella ganó con 28 puntos de ventaja, a su más cercano competidor, un perdedor de varias elecciones, José Yunes Zorrilla.
La demanda que realizará Israel Vallarta contra Carlos Loret de Mola, –en cuyas declaraciones señala que fueron más conductores de noticias quienes contribuyeron a su encarcelamiento, a sabiendas que se trataba de un montaje, como Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Jorge Fernández Menéndez, entre otros–, es una muestra de la necesidad de que haya una reglamentación contra la mentira que muchos medios difunden todos los días, sobre todo en el ámbito político y que sirven de insumo para desgastar personajes, políticos, funcionarios, gobiernos, etc.
Acostumbrados los medios convencionales a que sus espacios sean utilizados para alcanzar objetivos viles, en una falta de respeto a sí mismo, en urgentemente necesario corregir excesos en favor de la Sociedad, el Pueblo, la Democracia y la Justicia.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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