La inseguridad es la herramienta favorita de la derecha porque es el mejor pretexto para convencer a la población de que su vida está en peligro por deficiencias del gobierno.
Donde no puede controlarse la delincuencia es en Estados Unidos, y nadie en México intenta asesorar al FBI, al ICE, a la CIA o a la DEA, para mejorar su lamentable condición.
La inseguridad es el puente de la injerencia, y un insumo invaluable a la hora de invadir un territorio extranjero, ha servido a Estados Unidos en muchos países de América Latina para esos fines. Porque una vez perpetrado el golpe de Estado, ya sea blando o militar o el fraude electoral, la inseguridad será pretexto para llevar a cabo una feroz represión en su nombre.
Arma de largo alcance, la inseguridad debe ser ponderada como el principal problema de un país que tiene, en el miedo, la mejor forma de manipular la realidad. Aunque haya otros problemas de mayor urgencia, México debe darle prioridad al tema por presión de Estados Unidos. Muchos de estos conflictos arrojan inseguridad en el futuro, pero como Trump quiere resultados inmediatos, se encaminan hacia las detenciones sin atacar las causas, que es donde tiene colocada su estrategia México.
Por su utilidad la inseguridad es una herramienta, que quiere imponerse como hábito en la mente de quienes han sido condicionados a temer, a considerar que siempre haya alguien superior, a menospreciarse. A creer que todavía hay un tutelaje de Estados Unidos sobre el gobierno de México.
Un ejemplo claro es la identidad que la oposición busca a partir de los dichos y declaraciones de Estados Unidos, vecino respetable, pero no autoridad omnipresente en el continente.
Para ser de oposición basta con exigir que Rocha Moya debe ser juzgado en México y enviado Estados unidos, o castigado en México, por órdenes de una investigación, cuyas características aún son desconocidas. Estados Unidos carece de credibilidad en el mundo, a excepción de un segmento de la población en México que, al carecer de una auténtica oposición, retoma las injerencias jurídicas del vecino para hacerlas realidad y convertirlas en consigna política.
Nadie habla de la exoneración ordenada por Trump del ex presidente de Honduras, Orlando Hernández, sacándolo de la cárcel a cambio de que trabaje contra el gobierno de México, a través de los medios y las redes.
Tampoco se habla la protección que brinda Trump al presidente de ecuador, Daniel Noboa, en la comercialización de cocaína en Turquía, Rusia, Europa y África.
Pero sí debe darle juego al miedo, a ese que quita y pone presidentes en América latina, por ejemplo ordenó la difusión de que el presidente usurpador de Colombia, Abelardo de la Espriella, anunciara que el 7 de agosto, día en que asumirá el cargo, firmará un decreto para crear un “bloque de defensa para la seguridad urbana”.
La seguridad fue uno de los principales ejes de la campaña de De la Espriella, quien durante la contienda electoral prometió endurecer la respuesta del Estado frente a las organizaciones criminales y fortalecer la coordinación entre la fuerza pública y las autoridades locales. Es decir, la expresión autentica y espontánea de los colombianos será acallada a golpes, cárcel y balas, en nombre de la inseguridad.
Hacemos comunicación al servicio de la Nación y si así no lo hiciéramos, que el chat nos lo demande.

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