Nos toca resistir

Nadie hubiera pensado, en los albores del siglo XX, siquiera en la posibilidad de que México realmente transitara a la izquierda. Cualquiera se hubiera reído si se le hubiera dicho que nuestro país sería una isla rodeada, ya no de regímenes neoliberales, sino de franca ultraderecha. A lo más que se llegó en el año 2000 fue a aquella farsa llamada alternancia, en la que la cúpula se propuso hacer campaña negra contra el PRI y decantarse por Vicente Fox y el PAN, con su respectiva cuota de ultra conservadurismo que llegó a instalarse en el poder, aunque afortunadamente no se pudo afianzar. La perenne labor de AMLO haciendo territorio y despertando conciencias fue a la postre el antídoto ideológico, aparte de que realmente eran pésimos para gobernar.

Me tocó crecer en el México post fraude electoral de 1988. La década de los 90 vio consolidarse el matrimonio entre el poder político neoliberal, encabezado por Salinas de Gortari y Zedillo, y las televisoras. El contenido basura y manipulador floreció con gran abundancia. La intención de voto, los miedos, las pasiones, las modas, los prejuicios y hasta la fe religiosa de la población, se fabricaban y manipulaban a través de las pantallas de Televisa y TV Azteca.

Desde la distancia veíamos cómo fluctuaba el poder en el resto de Latinoamérica. La televisión mexicana era muy cauta al hablar de Pinochet, de lo que había sido su dictadura o del juicio que el otrora golpista enfrentaba. Se miraba con malos ojos a los gobiernos de izquierda que lograban instaurarse en Chile, Uruguay o Argentina. El motivo principal es que siempre se temió no solo alguna llamada en el famoso ‘teléfono rojo’ de Gobernación, sino también hacer enojar a los inversionistas, anunciantes o socios comerciales estadounidenses. En cambio, a la hora de hablar de regímenes como el de Hussein, Gadafi y otros enemigos declarados de Washington, la cobertura tenía ese mismo tono propagandista que imprimían las cadenas estadounidenses.

Sobrevino el desgaste del régimen neoliberal en México. Y después de muchos avatares, en los que nunca estuvo solo, Andrés Manuel López Obrador, después de dar por perdido al traicionero PRD y fundar desde cero a Morena, logró hacerse con el triunfo en 2018. Cambió la política exterior al trazar puentes más sólidos con los gobiernos de izquierda de la región. El episodio más representativo de ello fue el rescate de Evo Morales en noviembre de 2019 por parte de efectivos del ejército mexicano para librarlo del destino incierto que le deparaba el haber sufrido un golpe de Estado.

El grueso de la población mexicana llegó a normalizar vivir bajo un régimen de izquierda. Y para muestra, la abrumadora cantidad de votos con la que Claudia Sheinbaum ascendió al poder en 2024. Sin embargo, a nuestro alrededor, el mundo estaba cambiando. Donald Trump volvió al poder en enero de 2025. Y en este contexto de revancha de su movimiento, la ultraderecha global se reorganizó y redobló sus esfuerzos para apoyar e implantar regímenes antiderechos en prácticamente toda la América Latina.

El pasado domingo 4 de octubre, Lula Da Silva cayó en la primera vuelta de las elecciones con 45% de los votos contra un 47% fe Flávio Bolsonaro. El 25 de octubre se viene la segunda vuelta. Ya que los candidatos minoritarios de la primera vuelta ya no participarán y todos eran de derecha, se avizora una decantación de toda esa intención de voto hacia Bolsonaro.

Así, no ya la ultraderecha, sino el trumpismo, una corriente más básica, cínica y pasional, se va apoderando poco a poco de Latinoamérica. Ecuador, Colombia, Chile, El Salvador, Perú y Bolivia, pasan por su momento más oscuro en lo que a soberanía se refiere, y sus mandatarios prácticamente sirven a Washington. Lo peor es que la gente votó por esos regímenes. Nuevamente tendremos que esperar a que toquen fondo y recapaciten. Solo espero que no sea demasiado tarde.

Mientras tanto, la famosa batalla cultural se centrará en México, somos el bastión de la izquierda, ya no regional, sino mundial. Debemos tomar parte activamente para defender lo construido hasta ahora, así como nuestros recursos y territorio. Nos atacarán con todo. Pero, como dijo Andrés Manuel, «el pueblo de México es mucha pieza».

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