Categoría: Opinión

  • La verdad también debe exigirse a los medios de comunicación

    La verdad también debe exigirse a los medios de comunicación

    En una democracia, los medios de comunicación desempeñan una función indispensable. Informan, cuestionan al poder y contribuyen a la formación de la opinión pública. Precisamente por esa enorme responsabilidad, su principal obligación debería ser una sola: publicar hechos comprobados.

    Lo ocurrido recientemente con El Universal demuestra por qué ese principio nunca puede relajarse. El diario publicó una supuesta entrevista de Carlos Monsiváis con expresiones atribuidas al escritor sobre el expresidente Andrés Manuel López Obrador y, posteriormente, tuvo que retirarla al reconocer que no podía acreditar su autenticidad.

    No se trató únicamente de una rectificación editorial. Vale la pena preguntarnos cuántas personas ya habían leído, compartido y dado por cierta esa información antes de que el propio medio admitiera que no podía sostenerla. Para entonces, el daño ya estaba hecho.

    Este episodio confirma que la desinformación no proviene únicamente de cuentas anónimas en redes sociales. También puede originarse en medios tradicionales de enorme alcance, cuando el afán de sostener una narrativa termina desplazando la obligación elemental de verificar los hechos antes de publicarlos.

    Desde hace años, diversos medios con una línea editorial conservadora han mantenido una postura particularmente crítica frente a los gobiernos de izquierda. Esa posición es legítima y forma parte del pluralismo democrático. Lo que deja de ser aceptable es que la línea editorial prevalezca sobre el rigor periodístico. Una democracia necesita medios críticos, pero también responsables; medios que cuestionen al poder sin renunciar a la verdad.

    La crítica nunca debe construirse sobre información cuya autenticidad no puede demostrarse. Cuando eso ocurre, el periodismo pierde autoridad moral y la ciudadanía pierde confianza. Las consecuencias de una publicación falsa, incompleta o insuficientemente corroborada pueden ser profundas e irreversibles.

    Como jueza electa en materia penal, conozco bien el valor de la prueba. En un tribunal nadie puede ser condenado con rumores, percepciones o documentos cuya autenticidad no está acreditada. La presunción de inocencia es uno de los pilares del Estado de Derecho y constituye una garantía frente al abuso del poder. Ese mismo principio de prudencia y responsabilidad debería inspirar el ejercicio periodístico. Antes de afirmar, es indispensable corroborar.

    Lo digo también desde la experiencia personal, ya que fui objeto de publicaciones en las que algunos medios afirmaron o insinuaron que había dejado en libertad a un feminicida. Esa versión se difundió ampliamente y generó una percepción equivocada sobre mi actuación como jueza electa. Sin embargo, omitía un hecho fundamental: esa persona nunca recuperó su libertad y actualmente existe una sentencia condenatoria de 45 años de prisión en su contra. Ese dato, indispensable para comprender el caso en su totalidad, prácticamente desapareció del debate público.

    No se trata de una defensa personal. Se trata de evidenciar cómo la información parcial también desinforma. No siempre es necesario publicar una mentira; en ocasiones basta con omitir los hechos relevantes para conducir al lector hacia una conclusión equivocada.

    Ese tipo de coberturas no sólo afecta la reputación de las personas involucradas. También deteriora la confianza ciudadana en las instituciones y en quienes las integran. Cuando se desacredita a juezas y jueces mediante información incompleta o fuera de contexto, el debate público deja de sustentarse en los hechos y comienza a construirse sobre percepciones.

    El caso de El Universal debería abrir una discusión que durante mucho tiempo se ha evitado. Así como los medios exigen transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad a los poderes públicos, la sociedad también tiene derecho a exigirles el mismo estándar de rigor, ética y profesionalismo.

    La libertad de expresión no está en debate. Es uno de los pilares de nuestra democracia. Lo que sí debe debatirse es la responsabilidad con la que se ejerce. Tener una línea editorial, sea de izquierda, de centro o de derecha, es completamente legítimo. Lo que nunca será legítimo es presentar como verdad aquello que no ha sido verificado o difundir sólo la parte de la historia que conviene a una determinada narrativa.

    En los tribunales, una sola prueba insuficiente puede significar la absolución de un culpable o la condena de un inocente. Por eso el Derecho exige pruebas antes de emitir un juicio. Quizá ha llegado el momento de exigir el mismo estándar a quienes tienen el poder de informar. Porque en una democracia, la verdad no debe ser una opción editorial: debe ser una obligación ética.

  • Burdo fraude en Colombia

    Burdo fraude en Colombia

    Basta y sobra con que Trump apoye algo para saber que se trata de un tema de sumisión a su política. Basta y sobra que el ultraderechista, Alejandro Moreno haya asistido a presenciar las elecciones en Colombia para asegurar que hubo un burdo fraude electoral, que según el priista realiza de manera discreta, cuando en realidad hay evidencias muy claras de esa práctica.

    Los empresarios han aprendido que invertir en los fraudes electorales es un buen negocio, por lo que deben planificar su participación y así lo hicieron desde la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia, del 29 de mayo, advirtieron a sus empleados que si votaban por Iván Cepeda serían despedidos. Como se sabe a los empresarios no les va mal con la izquierda pero prefieren tratar con la derecha.

    Acoso como éste hubo muchos, la idea de que Iván Cepeda era guerrillero visto ahora, como sinónimo de delincuente común modificó la intención del voto de una clase media temerosa, que olvidó su propia historia, porque no saben o no recuerdan que Simón Bolívar y Francisco de Miranda fueron también guerrilleros y crearon una nación libre con las armas en la mano.

    La megalomanía del mandatario del norte, intenta imponer sus títeres, y por ello apoya al pederasta Abelardo de la Spriella, como se lo dieron a Daniel Novoa, también con un fraude electoral de por medio, la liberación ordenada desde la Casa Blanca de Juan Orlando Hernández, actos aplaudidos por Alejandro Moreno, quien asistió personalmente a las elecciones de Ecuador, Perú y Colombia, donde la opacidad en el proceso electoral imperó.

    Los hilos de Trump imponen presidentes en América Latina, la vuelta al pasado se repite con una similar precisión que muestra el retroceso de la historia, una pausa en la evolución de la especie y un imperdonable regreso al pasado conservador.

    La ultraderecha tiene en la desaparición de la soberanía un gran interés y una de sus consignas ideológicas más severas. La manera en que se llevó a cabo el fraude electoral, no permite consideración alguna para llevar las alteraciones de los resultados a los más altos tribunales del mundo donde no tenga injerencia el delirante mandatario de Estados Unidos. Si se permite que gobierne.

    Es decir, lo que la ultraderecha llama la nueva normalidad implica la imposición del miedo como una manera de vencer, desde lo más profundo del pensamiento latinoamericano, su propia libertad.

    El itinerario de los golpes de Estado con apariencia de fraude electoral lo marcan las fechas de elecciones. Nos e trata de atacar al más débil primero, sino de aprovechar las coyunturas que permiten las elecciones. Esto quiere decir, que con Alito y Trump a la cabeza desde ahora se trata de desarticular la historia de México para que, en julio de 2027, se haya afectado el tejido social e tal manera que desmantele la cohesión que existe alrededor de la Presidenta, diluya la historia nacional y a los principales protagonistas del movimiento que gobierna el país.

    Si se permite el fraude en Colombia, será más fácil hacer lo México con México y luego con Brasil.

  • ¿Por qué todos aman a México?

    ¿Por qué todos aman a México?

    Se cumplieron las palabras del expresidente AMLO, tenemos a la mejor presidenta del mundo. No es casualidad que la doctora Claudia Sheinbaum Pardo aparezca en las portadas de las revistas más importantes como una de las mujeres más influyentes del mundo. Recientemente The Guardian la identifica como la líder de izquierda más popular del mundo comprobando que la fortaleza de esta giganta de la política se fundamenta en el apego a sus ideales y principios de democracia y justicia social. Sheinbaum actualmente ha llevado a cabo con éxito el Plan México y profundizado un modelo de desarrollo social y económico original y genuino en nuestro país sobre la base del humanismo mexicano. 

    México hoy es un pueblo querido, se presenta como el faro de luz en la oscuridad en América Latina y el mundo. Sus líderes políticos y morales (AMLO y Sheinbaum) sobresalen frente a un descarado intervencionismo norteamericano en las elecciones de otros países para colocar a sus títeres políticos e inclinar la balanza para el avance de la ultraderecha.

    La manipulación de los medios, el control de las redes sociales y la inteligencia artificial les ha favorecido en su propósito por regresar a gobiernos fascistas. Lamentablemente una vez instaurados estos gobiernos totalitarios de ultraderecha borran de un plumazo los avances hechos por gobiernos de izquierda, como en el caso de la Colombia de Petro a la que se le avecina una oscura noche neoliberal, la misma suerte de Argentina y Ecuador. 

    Mientras México recibe amor y bendiciones de los visitantes de todo el mundo, con claridad se ve que el nefasto de Trump y la ultraderecha internacional no tienen llenadera, quieren ir por todo el pastel y todo indica que vienen por México. El PRIAN y “la Perrita de Trump”, alias Ricardo Salinas Pliego, quieren aplicar la misma fórmula que han implementado en otros países de la región. Sin embargo, siguen faltos de creatividad y de éxito en su intentona, no han encontrado a su outsider, no ha tenido eco la narrativa de que México se encuentra en llamas y de un supuesto narco gobierno. No pega el chicle de los vende patrias del PRIAN sobre la idea de “Defender a México” y de que nos encontramos en una dictadura. El “mundial del pueblo” le ha mostrado al mundo que no somos el país inseguro y peligroso que pintan los medios o las oficinas de Estados Unidos, no somos ese país mediocre y perdedor que escribían los intelectuales orgánicos. Tenemos un gran país y una gran presidenta, tenemos un proyecto de nación y sabemos de dónde venimos y hacia dónde vamos. 

    Hoy todos quieren venir a México y todos se quieren quedar, porque México los hace sentir vivos, porque México los apapacha, porque México irradia amor y felicidad. México se ha desempolvado y hoy brilla nuevamente por su humanismo mexicano, hoy el mundo ama a México y se deslumbra con su pasión y patriotismo, hoy le compartimos al mundo un pedacito de nuestra grandeza cultural, histórica y milenaria. 

  • Entre proletarios te veas; la realidad concreta

    Entre proletarios te veas; la realidad concreta

    En las postrimerías de los años 60, cuando los estudiantes mexicanos dábamos la lucha en favor de la democratización del país y buscábamos afanosamente la unidad del proletariado, más de una vez nos encontramos codo a codo con movilizaciones obreras y campesinas, mismas que fueron brutalmente reprimidas por el Estado Mexicano. 

    Colonos, obreros en su mayoría, estudiantes, trabajadores del sector de los servicios, tanto públicos como privados, también cobraban conciencia y se agrupaban en sindicatos independientes, con los que los estudiantes-trabajadores nos identificábamos plenamente y planteamos una lucha unidos. Los asesinatos y la persecución perpetrados por las fuerzas represivas del Estado, lograron disgregarnos, pero siempre volvimos a la lucha sin claudicar. 

    La 4ta Transformación nace de aquellos movimientos, pero ahora termina por traicionarlos. Sin opciones electorales viables y confiables, la lucha vuelve a darse en las calles por la construcción de una organización política de verdadera izquierda que no propicie ni proponga la violencia, sabedores de que las fuerzas represivas del Estado pueden actuar sin corazón ni alma, que policías y soldados se convierten en lumpen proletariado por un puñado de monedas.

    Aquí reproduzco con autorización de su autor, Lic. Joaquín Ortega Esquivel una fracción del texto que él hizo público en sus redes sociales y que por razón de espacio ocupará más de una de estas columnas, con el respeto, admiración y afecto que le profeso. He decidido no mutilar ni una coma del texto.

    Es preciso mencionar que las organizaciones a las que Joaquín asesoró y apoyó con verdadero amor revolucionario, siempre sumaron a la lucha proletaria de aquellos años y nunca comulgaron con la del FAT de Alcalde Justiniani, que nunca fue realmente de izquierda y así formó a su prole y a sus compinches, algunos hoy en las más altas esferas del poder simulador de la 4ª.

    Primera fracción del texto publicado por Joaquín Ortega Esquivel, de una lucha que vivió y conoció en carne propia y que tituló como aparece.

    LA SILENCIADA HISTORIA DEL MOVIMIENTO MAGISTERIAL-POPULAR QUE INICIÓ LA CNTE

    1979 fue el año de la insurgencia magisterial. Cientos de miles de profesores indignados ante los salarios miserables que se percibían y por el burdo control gangsteril que ejercía el SNTE, decidimos sacudirnos de los parásitos que nos chupaban la sangre y nos usaban como acarreados del sistema, para ejercer la democracia directa de las asambleas con su capacidad de deliberación, decisión, acción, vigilancia y control de los dirigentes por parte de las bases, a través del poder colectivo e iniciar una lucha prolongada por mejorar las condiciones laborales al lado de todo el pueblo trabajador.

    De acuerdo con el Concejo Central de Lucha de los Trabajadores de la Educación del Valle de México (periódico Claridad, diciembre de 2016), la lucha magisterial de abril a mayo de 1979 incorporó a más de 500 mil maestros a la huelga general, de los cuales más de 300 mil participaron en diversas acciones de masas. Se sumaron, también más de 10 millones de padres de familia, estudiantes, obreros y campesinos. Estas acciones del pueblo, permitieron que el magisterio rompiera por primera vez el topea salariales de 10% impuesto por el gobierno, además de que logró consolidar a la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación como alternativa organizativa de los maestros durante la Asamblea nacional de trabajadores de la educación que tuvo lugar aquel mes de diciembre de 1979.

    Las gigantescas movilizaciones de final de los años setentas costaron más de 500 maestros asesinados solamente en los primeros años de lucha, pero aprendimos a combatir bajo la línea de organizarnos y unirnos para actuar junto con la clase obrera y el pueblo, bajo la premisa que son los proletarios los creadores de toda la riqueza social. Así culminamos con algunos de los procesos históricos más importantes marchando al lado de Movimiento Democrático Popular de Oaxaca de los años ochenta y con las grandes movilizaciones por la independencia sindical que encabezó Unidad Obrera Independiente (UOI). Sobresale por la enorme simpatía que despertó en millones de mexicanos que salieron de sus casas a manifestar su solidaridad de mil maneras, aquella caravana que en 1980 avanzó

    Desde Oaxaca hasta la ciudad de México para exigir el reconocimiento de su organización sindical democrática

    La lucha heroica que iniciamos los maestros hace casi cuarenta años no fue para sustituir a unos ladrones charlatanes por otros en las cúpulas sindicales, sino para ejercer la democracia verdadera y construir la unidad magisterial obrera y popular para mejorar nuestras condiciones de vida inmediatas, pero también para luchar al lado del pueblo por la liberación de todos los explotados en el contexto de la lucha internacional que está imponiendo el gran capital contra los pueblos del mundo para concentrar los capitales en escala internacional.

    Así fue como el Primero de Mayo de 1980, cerca de un millón de maestros y obreros independientes, ocupamos toda la vieja calza México Tacuba, acompañados por nuestras familias y por estudiantes, rechazando la Ley Federal del Trabajo que impuso la tutela del Estado sobre las organizaciones sindicales mediante “registros” y la calificación de los procedimientos de las huelgas que entonces realizábamos los trabajadores. Allí planteó Unidad Obrera independiente el derecho de los obreros a rescatar su dignidad manejando sus organismos sindicales mediante el poder de las Asambleas democráticas, deliberativas y decisorias.

    Hasta aquí el texto de esta columna. La lucha sigue y sigue.

  • GUERRA COGNITIVA

    GUERRA COGNITIVA

    Durante la semana anterior se genero información distorsionada, manipulada por parte de miembros evidentemente opositores en contra del proyecto de la Cuarta Transformación y de sus líderes morales.

    En el caso de El Universal se resucitó una entrevista por parte del periodista Edmundo Cázares dónde se comentó sobre una supuesta relación íntima entre el reconocido intelectual y miembro de la izquierda Carlos Monsiváis con el Presidente Andrés Manuel López Obrador.

    Después del envío de una carta por parte de la familia del desaparecido escritor donde rechazan con argumentos precisos la imposibilidad de las supuestas declaraciones de parte de Monsiváis, el medio tuvo que asumir su responsabilidad y se disculpo con la familia del escritor. No así del presidente López Obrador, objetivo principal de la “Mafia del poder”.

    Ni hablar del caso de la “periodista” Leticia Robles quien aseguro que el senador Gerardo Fernández Noroña tiene un hijo no reconocido y que forma parte de su equipo, argumento que fue desmentido por la propia madre del supuesto hijo y que provocó la disculpa de Excélsior, medio dónde se difundió la mentira.

    La estrategia por parte de los grupos opositores no les ha funcionado de manera impactante pero el golpeteo constante que se da a través de los medios de comunicación corporativos y la inversión millonaria en las redes sociales les está redituando interés y confusión en la población, que de manera natural comenta y cuestiona sobre la veracidad de los hechos que se difunden.

    Como se evidencia en el caso del magnate Ricardo Salinas, dueño de TV Azteca que fue calificado como “La perrita de Trump” al asistir a la inauguración del mundial en el estadio de la Ciudad de México.

    La disputa por los espacios en la siguiente legislatura, la competencia por las gubernaturas del año próximo nos darán muestra de cómo se impactará la conciencia de la sociedad por esta “Guerra cognitiva”, por supuesto tomando en cuenta la inversión millonaria por parte de los grupos del poder económico que sin duda están interesados en aportar con tal de obtener beneficios, como los que obtuvieron en la época de los gobiernos neoliberales, dónde solo unos pocos se beneficiaron de la riqueza que se genera en nuestro país.

  • Extremos

    Extremos

    En los días previos a la inauguración del mundial, estuve haciendo diagnósticos alrededor de la relación entre el pueblo de México y el fútbol profesional como espectáculo de masas. Hablé sobre el paupérrimo nivel de los equipos mexicanos en el plano internacional gracias a las decisiones erróneas de los directivos; tales como eliminar ascenso y descenso, saturar la liga de extranjeros en vez de formar talentos nacionales jóvenes, y en general un ciclo repetitivo de cada torneo con la liguilla como único momento interesante.

    En mesas de análisis, hablamos también sobre cómo el pueblo de México se emancipó del poder mediático tradicional y éste dejó de influir en su intención de voto. El entretenimiento popular de los medios masivos dejó de ser factor en la toma de conciencia política.

    El movimiento obradorista, que obtuvo el triunfo en las urnas en 2018, vino a demostrar que algunas aseveraciones de antiguos izquierdistas estaban erradas. A día de hoy, suenan incluso carentes de conciencia de clase y a la vez, cargadas de menosprecio por el pueblo. Se solía decir -a mí me tocó escucharlo en tiempos de Cuauhtémoc Cárdenas- que los mexicanos nunca transitaríamos a la izquierda en tanto no nos emancipáramos de la basura televisiva, de la virgen de Guadalupe y del fútbol; los distractores de masas por excelencia. Sin embargo, como dije antes, solo la desertificación de los medios tradicionales bastó, y el pueblo se volcó hacia las urnas, sin abandonar sus pasiones en absoluto.

    Este interesante fenómeno de politización progresiva es tan inusitado que siempre se escapa a toda prospección; nunca deja de sorprender. El mundial se inauguró en México y desató una algarabía que no se veía desde hacía mucho tiempo. Al menos yo, no la veía desde la llamada ‘marcha del millón’ en noviembre de 2022. La selección nacional, cuya filiación con Televisa tenemos todos muy clara, no despertaba al principio expectativa alguna. El pueblo prefería armar una fiesta alrededor de nuestra condición de país anfitrión, pese a la pequeña fracción que le tocó a México, el único país de tradición futbolera de los tres.

    En la víspera de la inauguración, se vaticinaba un caos que, según la derecha, «le mostraría al mundo la ingobernabilidad del país y la incapacidad del gobierno morenista para gestionar la organización de un mundial». Pero el pueblo se volcó a las calles en afán festivo y el resto ha sido una experiencia irrepetible de algarabía popular con la que, sin embargo, no todos están contentos.

    Desde la derecha se habla de “festejos de simios”, que las calles están llenas de descerebrados. Algunos dicen desear que pierda la selección nacional para que se acabe ese “ambiente de infantilización irracional en las calles”. Otros, como Denise Dresser, afirman, al ver la avenida Reforma atiborrada de gente, «así deberíamos salir todos a marchar por las injusticias». Lo que no contempla es que esa misma multitud acude a las urnas a votar mayoritariamente por la izquierda, y eso es lo que tiene a gente como ella tan enojada y cada vez más alejada de sus antiguos privilegios.

    Pero en la izquierda tampoco es que se canten mal las rancheras. En diversos espacios de redes sociales, cuando algunos publican imágenes de los festejos, hay quienes responden con contenidos sobre Palestina, Irán, Donald Trump o la corrupción de la FIFA. Resulta un poco ingenuo pensar que quienes han caído en la tentación de entrar al ambiente carnavalesco carecen de toda esta información. Si así fuera, no se hubiera dado el bello gesto de arropar a la selección iraní en Tijuana.

    A la fuerza laboral mexicana, mientras ejerce su digno derecho al ocio, no es prudente mal mirarla solo porque no se queda en casa con gesto enfurruñado mientras transcurre el mundial, leyendo a Rita Segato y escuchando a Violeta Parra. Es su voto masivo y no nuestra arrogancia lo que tiene a la izquierda en el poder. Pero como lo dijo sabiamente AMLO, los extremos se tocan. La coincidencia de opiniones es espeluznante.

    El carnaval pasará y la lucha seguirá. Prometo siempre estar ahí. Y no culpo a quienes no lo entienden. Escribo esto mientras recuerdo que, hace dos días, dejaba atrás a dos defensas y me enfilaba hacia la portería convertido en saeta de gloria.

  • Binomios caninos del Ejército Mexicano rescatan a tres personas y localizan 20 cuerpos en Venezuela

    Binomios caninos del Ejército Mexicano rescatan a tres personas y localizan 20 cuerpos en Venezuela

    Los equipos de búsqueda mexicanos trabajan en La Guaira con apoyo de perros entrenados, brindando también atención médica en una de las zonas más afectadas por los recientes sismos.

    El apoyo humanitario del Ejército Mexicano en Venezuela ha dado resultados clave tras los recientes sismos registrados en el país sudamericano. De acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena), los binomios caninos del Batallón de Atención a Emergencias lograron el rescate tres personas con vida, incluido un menor de edad, además de la localización de 20 cuerpos entre los escombros en la zona de La Guaira.

    Los equipos especializados, integrados por elementos del Ejército, Fuerza Aérea y Guardia Nacional bajo el agrupamiento “Yumare”, continúan desplegados en labores de búsqueda, rescate y evacuación en la localidad de Caraballeda. Su labor ha sido fundamental en áreas de difícil acceso, donde los perros entrenados han permitido acelerar la localización de víctimas.

    Además de las tareas de rescate, las fuerzas mexicanas han brindado más de 200 consultas médicas en las zonas afectadas, incluyendo atención prehospitalaria y evaluación de pacientes para su posterior traslado a centros de salud, como parte del apoyo integral a la población damnificada.

    Uno de los casos más sensibles reportados fue el rescate de un niño de 9 años, quien logró ser localizado con vida gracias al trabajo coordinado entre los binomios caninos y los equipos de emergencia en campo. Estas acciones han sido reconocidas por habitantes de la zona, quienes han agradecido la presencia de las fuerzas mexicanas.

    La Sedena destacó que la colaboración internacional permite fortalecer la capacidad de respuesta ante desastres naturales, mientras ciudadanos venezolanos han solicitado mantener el orden y el silencio en las zonas de búsqueda para facilitar el trabajo de los perros rescatistas, cuya precisión resulta vital en escenarios de colapso estructural.

    Con estas acciones, México reafirma su papel en labores de ayuda humanitaria internacional, combinando disciplina militar, tecnología y el invaluable trabajo de los binomios caninos, que se han convertido en pieza clave para salvar vidas en escenarios de emergencia.

  • Solidaridad con Venezuela, la política que sirve y el deporte que une

    Solidaridad con Venezuela, la política que sirve y el deporte que une

    Hay momentos en los que la política debe hacerse a un lado para darle paso a la solidaridad humana. Hoy es uno de ellos.

    Nuestra solidaridad está con el pueblo venezolano. Un pueblo trabajador, noble y profundamente generoso que, además de los años de dificultades económicas, sociales y políticas que ha enfrentado, ahora vuelve a sufrir una tragedia humanitaria tras los devastadores terremotos registrados esta semana. Las cifras de víctimas y daños continúan aumentando mientras miles de familias esperan ayuda, rescate y atención médica. Diversos gobiernos y organismos internacionales ya han comenzado a enviar brigadas, recursos y asistencia humanitaria, algo que merece ser reconocido porque, frente al sufrimiento humano, no deberían existir fronteras ideológicas.

    He tenido la fortuna de conocer a muchos venezolanos. Siempre me he encontrado con personas educadas, trabajadoras y con un enorme corazón. Ojalá muy pronto puedan reconstruir sus vidas y recuperar la estabilidad que durante tantos años les ha sido negada. Ningún pueblo merece vivir permanentemente entre la incertidumbre y la tragedia.

    En los últimos días también hemos visto cómo la discusión política latinoamericana vuelve a polarizarse a raíz de las elecciones en Colombia. Como siempre ocurre, las redes sociales se llenan de quienes intentan reducir cualquier debate a una simple etiqueta: izquierda o derecha.

    Personalmente creo que ese es precisamente uno de los grandes errores de nuestra región.

    Escucho constantemente a personajes del PAN y del PRI autodenominarse representantes de la derecha democrática. Sin embargo, muchos de ellos gobernaron durante décadas dejando enormes pendientes en materia de corrupción, desigualdad, pobreza y privilegios. Difícilmente pueden reclamar hoy una superioridad moral que millones de ciudadanos simplemente ya no les reconocen.

    Al mismo tiempo, tampoco considero que cualquier gobierno que impulse programas sociales deba ser automáticamente catalogado como un gobierno de izquierda radical. Gobernar para reducir la pobreza, ampliar el acceso a la salud, fortalecer la educación o generar mayores oportunidades para quienes menos tienen debería ser una obligación de cualquier administración, sin importar el color del partido.

    Al final, el ciudadano común no despierta preguntándose si vive bajo un gobierno de izquierda o de derecha. Despierta preguntándose si tendrá empleo, si encontrará medicamentos para su familia, si podrá pagar la escuela de sus hijos y si tendrá oportunidades para salir adelante.

    Eso es lo verdaderamente importante.

    México atraviesa un debate intenso sobre el rumbo de las políticas sociales, la cobertura de salud y los programas de bienestar. Es válido discutir sus resultados, exigir mejoras y señalar aquello que aún no funciona. La crítica responsable fortalece la democracia. Pero también es importante reconocer cuando existen esfuerzos dirigidos a colocar a la población más vulnerable en el centro de las decisiones públicas.

    La verdadera discusión no debería ser quién gana la batalla ideológica, sino qué políticas públicas realmente mejoran la calidad de vida de las personas.

    Mientras América Latina continúa inmersa en debates políticos, el deporte vuelve a demostrar que puede unir a millones.

    La Selección Mexicana está realizando un extraordinario papel en el Mundial. Más allá de los resultados deportivos, cada triunfo representa algo mucho más importante: miles de niños vuelven a ponerse una camiseta, salen al parque con un balón y sueñan con representar algún día a su país.

    Ese quizá sea el mayor legado del deporte.

    Un niño inspirado por un futbolista es un niño menos expuesto a la delincuencia, a las adicciones o a la desesperanza. El deporte enseña disciplina, respeto, trabajo en equipo y perseverancia. Forma ciudadanos antes que atletas.

    Ojalá los gobiernos comprendieran que invertir en canchas, espacios deportivos, cultura y educación no es un gasto, sino una de las mejores estrategias de prevención social.

    Hoy América Latina necesita menos odio y más solidaridad. Menos etiquetas ideológicas y más soluciones. Menos confrontación permanente y más políticas que permitan a cualquier familia vivir con dignidad.

    Porque al final, cuando ocurre una tragedia como la que hoy vive Venezuela o cuando millones celebran unidos un gol de la Selección Mexicana, queda claro que los pueblos tienen muchas más cosas que los unen que aquellas que los dividen.

  • Derechos de las niñas y las adolescentes

    Derechos de las niñas y las adolescentes

    El treceavo apartado en la Cartilla de Derechos de las Mujeres se refiere a las niñas y adolescentes. Siendo México uno de los países con más abuso sexual infantil, trata de personas menores de edad y pornografía infantil, este capítulo queda demasiado corto. Desde mi punto de vista debería estar más detallado y por supuesto dejar bien claro el derecho a que ninguna persona puede tocar sus partes privadas.

    Por otro lado eso de que una niña decida su creencia religiosa me parece que por lo menos así de general como se plantea, se presta a mucha confusión entre la niñez. Reunirte y asociarte libremente es otro concepto que no se debe de manejar a la ligera, sino con mucho cuidado. Por ejemplo, si se especificara “acompañada de un adulto” sería más prudente. Lástima que se omitió el derecho que tienen los niños a aprender en la escuela sin distraerse con los celulares.

    El punto trece dice así textualmente: “Sin importar tu edad, si eres niña o adolescente, tienes todos los derechos que se incluyen en esta cartilla y deben ser garantizados de forma prioritaria. Tienes derecho a ir a la escuela, a descansar y tener momentos de esparcimiento, a tener tus propias creencias religiosas o culturales, reunirte y asociarte para ir a marchar o manifestar tus ideas libremente y a ser tomada en cuenta. 

    Recuerda que eres dueña de tu vida, y de tu cuerpo que siempre puedes decidir qué te gusta y qué no. Si eres niña, no pierdas jamás tu derecho a imaginar y a soñar.”

    Total, hubiera sido mejor hacer otra cartilla aparte, exclusiva con los derechos de la niñez y adolescencia y no tocar el tema al ahí se va de manera completamente irresponsable.

  • El saqueo tiene nombre: neoliberalismo, y México ya aprendió a decirle no

    El saqueo tiene nombre: neoliberalismo, y México ya aprendió a decirle no

    Durante décadas, América Latina fue el laboratorio de experimentos económicos diseñados en Washington y ejecutados por tecnócratas locales que confundieron la modernidad con la obediencia. El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y una constelación de think tanks financiados por el capital transnacional impusieron una receta única: privatizar lo público, desregular los mercados, abrir las fronteras al capital extranjero y reducir al Estado a su mínima expresión. El resultado no fue el desarrollo prometido. Fue el empobrecimiento sistemático de mayorías enteras, la destrucción de capacidades industriales nacionales y la consolidación de oligarquías que acumularon riqueza mientras sus países se hundían en la precariedad.

    El argumento de que el neoliberalismo fue simplemente una política “equivocada” es, en el mejor de los casos, ingenuo. En el peor, es cómplice. Las políticas de libre mercado, desregulación y privatización no fallaron: cumplieron exactamente su función.

    Transfirieron riqueza desde las clases trabajadoras y los Estados nacionales hacia corporaciones transnacionales y élites financieras. La desigualdad no fue un efecto colateral del modelo; fue su producto más consistente. Argentina es hoy el ejemplo más doloroso y visible de este ciclo perverso: un país que vuelve una y otra vez a los brazos del FMI como quien regresa al mismo abuso, convencido de que esta vez será diferente.

    México vivió durante casi cuatro décadas su propia versión de este infierno administrado. Desde la crisis de 1982 y los primeros acuerdos con el FMI hasta la firma del TLCAN en 1994, el país desmanteló su aparato productivo nacional, vendió empresas estratégicas a precios de remate, precarizó el empleo y subordinó su política económica a los dictados de organismos que respondían a intereses ajenos al bienestar del pueblo mexicano. Las consecuencias fueron devastadoras: migración masiva, salarios congelados por generaciones, dependencia alimentaria y tecnológica, y una economía incapaz de generar prosperidad para la mayoría.

    Lo que la Cuarta Transformación representó, más allá de sus contradicciones y límites, fue una ruptura simbólica y material con esa lógica. La recuperación de PEMEX como eje de soberanía energética, la política de austeridad republicana que priorizó el gasto social sobre el pago a consultores y burócratas del sector privado, el aumento sostenido del salario mínimo y los programas de transferencia directa a los sectores históricamente excluidos, fueron señales de que otro modelo era posible. No se trató de magia ni de ideología abstracta: se trató de decisiones políticas concretas que pusieron al Estado nuevamente en el centro del desarrollo nacional.

    La soberanía energética no es un capricho ideológico; es una condición estructural del desarrollo. Un país que no controla sus recursos naturales estratégicos es un país que no controla su destino. La sustitución de importaciones, muchas veces caricaturizada por los economistas del establishment como un anacronismo del siglo XX, es en realidad una estrategia de construcción de capacidades productivas nacionales que ningún país desarrollado abandonó verdaderamente. Estados Unidos protege su agricultura, su industria tecnológica y su sector financiero con una ferocidad que ningún país latinoamericano se permitiría sin ser acusado de populismo.

    La inversión pública estratégica, la banca de desarrollo al servicio del aparato productivo nacional, la salud y la educación como derechos universales y no como mercancías, y la vivienda digna como política de Estado: estas no son demandas radicales. Son las condiciones mínimas de una sociedad que aspira a la justicia. Son, también, las condiciones que el capital internacional ha resistido sistemáticamente en América Latina porque implican redistribuir el poder económico.

    México, con una presidenta que llegó al poder respaldada por una mayoría histórica, tiene ante sí la oportunidad y la responsabilidad de profundizar esa ruptura. No porque el camino sea fácil, sino porque la alternativa, volver a entregar las llaves de la economía a quienes ya demostraron para quién trabajan, es inaceptable. La región latinoamericana no es pobre por fatalidad geográfica ni por alguna deficiencia cultural. Es pobre porque durante décadas sus recursos, su trabajo y su futuro fueron transferidos hacia el norte global bajo el eufemismo de la “integración económica”. Nombrar ese proceso con precisión no es demagogia. Es el primer paso para revertirlo.