Etiqueta: Censura

  • La falacia de la censura: Cuando el victimismo mediático atenta contra el derecho a la verdad

    La falacia de la censura: Cuando el victimismo mediático atenta contra el derecho a la verdad

    Los grandes imperios de la comunicación y sus voceros de turno construyeron un criterio inamovible, derivado de sus intereses, pretender que el derecho a informar era propiedad privada de quienes poseían un micrófono, una cámara o una red con millones de seguidores. Durante años se instaló un patrón en el que se esperaba que la ciudadanía escuchara, consumiera y guardara silencio. Hoy en un México soberano donde la verdad y la rendición de cuentas han recuperado su lugar en el espacio público, somos testigos de la incomodidad de quienes no toleran el escrutinio. El episodio reciente en el que la influencer y abogada Natalia Torres acusa una supuesta «censura» tras ser evidenciada en la conferencia matutina de la Presidenta de la República, no es más que una burda maniobra de manipulación mediática, disfrazada con el ropaje del victimismo.

    Como juzgadora penal federal y como mexicana comprometida con la justicia social y el Estado de Derecho, no puedo permanecer en silencio frente a la tergiversación de nuestra Constitución. Mi responsabilidad con la patria y con el pueblo me exige hablar con absoluta claridad jurídica: la narrativa de Torres no solo es falsa desde el punto de vista legal, sino que representa un ataque directo a los verdaderos derechos de las audiencias.

    En el marco de nuestra Constitución, de los tratados internacionales y de los Derechos Humanos, la censura previa tiene una definición clara. Ocurre únicamente cuando la autoridad impone medidas coercitivas para prohibir, decomisar, vetar o impedir con carácter previo la difusión de una idea o información (artículos 6º y 7º de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y artículo 13 de la Convención Americana sobre Derechos Humanos).

    Para que realmente exista censura, debe mediar la fuerza del Estado cancelando el mensaje antes o durante su emisión. Contrastar una cifra, desmentir una afirmación engañosa o exhibir la inconsistencia de una postura pública jamás será censura. Es, por el contrario, el ejercicio pleno de la libertad de expresión, la transparencia y el derecho de réplica en una democracia viva.

    Ahora la narrativa de Natalia Torres parte de una premisa equivocada o de una conveniente estrategia discursiva al intentar equiparar la confrontación con datos al silenciamiento.

    Primero, el derecho a la información no constituye un privilegio exclusivo de quien comunica; es una garantía pensada para proteger a la sociedad y su derecho a recibir información veraz, plural y oportuna.

    Segundo, la verdad no admite concesiones. Tener un micrófono de amplio alcance no otorga inmunidad frente a la responsabilidad de informar con rigor. La verdad es un bien público que pertenece a todas y todos los mexicanos.

    Tercero, la rendición de cuentas es un principio universal; exigir precisión y sustento a quienes difunden información no restringe su libertad de expresión, sino que fortalece el derecho de la ciudadanía a no ser víctima de la desinformación ni del engaño deliberado.

    Existe una profunda carga clasista en la presunción de que el pueblo de México carece del discernimiento necesario para comprender el alcance de las leyes, identificar los sesgos en los contenidos informativos o formarse un juicio propio sobre los asuntos públicos. Sostener que la réplica de la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, vulnera los derechos de la influencer Torres, constituye un insulto a la inteligencia de nuestra sociedad, pues parte de la premisa de que la ciudadanía es incapaz de valorar por sí misma los argumentos que escucha y las evidencias que se le presentan. Más aún, esa equiparación banaliza el verdadero significado de la censura y representa una falta de respeto a la memoria histórica de quienes sí padecieron el autoritarismo, fueron perseguidos, silenciados o incluso perdieron la vida por ejercer su libertad de expresión y defender la verdad.

    Como juzgadora de la Nación lo afirmo categóricamente: las aulas de la justicia y los espacios de discusión pública le pertenecen al pueblo soberano, no a las élites ni a los mercaderes de la información. Defender la verdad y el derecho de réplica no es un acto partidista; es la defensa firme de nuestro texto constitucional frente a quienes buscan sustituir el rigor informativo por el titular vendido.

    La función jurisdiccional se ejerce de cara a la ciudadanía, no de espaldas a ella. En un Estado democrático, la justicia trasciende la mera resolución de un expediente y asume una función social: comunica sus razones, fortalece la confianza pública y contribuye a la consolidación de una auténtica cultura jurídica. Una justicia que explica con claridad el fundamento de sus decisiones y se somete al escrutinio de la sociedad no debilita su autoridad; por el contrario, la legitima, la fortalece y la acerca a quienes está llamada a servir, el pueblo de México.

    El verdadero peligro para la democracia no surge cuando un gobernante ejerce su derecho de réplica; el peligro real radica en la normalización de la mentira disfrazada de periodismo. Si permitimos que el victimismo, la manipulación y las mentiras prevalezcan sobre la verdad, estaremos cediendo las libertades de la ciudadanía a grupos de poder que pretenden confundir la libertad de prensa con el derecho de imponer sus narrativas sin contraste ni responsabilidad. La ética en los medios no es una concesión voluntaria, sino una exigencia constitucional que protege al eslabón más vulnerable de la cadena informativa: el espectador, cuyo derecho a recibir información veraz constituye uno de los pilares esenciales de toda democracia.

    México ha cambiado, y sus instituciones tienen el deber de evolucionar con la misma convicción. La Constitución no es un documento inerte, ni un refugio para preservar privilegios o resistirse a la transformación democrática; es el pacto fundamental que da origen a las legítimas exigencias de una sociedad que reclama el pleno respeto al Estado de Derecho. La ciudadanía mexicana dejó atrás el papel de espectadora pasiva para afirmarse como una sociedad crítica, informada y plenamente consciente de sus derechos. Por ello, no puede permitirse que el victimismo, ni las narrativas construidas desde posiciones de poder confundan a quienes hoy exigen un debate público sustentado en hechos, responsabilidad y verdad.

    La verdadera libertad de expresión florece en la confrontación abierta de ideas, en el rigor jurídico y en el apego siempre a la verdad; el engaño y el mercantilismo mediático, por más que se revistan de causa noble o de persecución imaginaria, jamás serán un derecho.

    Porque lo que está en juego no es la narrativa de unos cuantos, sino el derecho de toda una nación a vivir informada con verdad. Y mientras exista una Constitución que la ampare, La dignidad de México jamás será negociable.

  • Trump explota contra reportero en Casa Blanca: lo calla y lo veta para siempre

    Trump explota contra reportero en Casa Blanca: lo calla y lo veta para siempre

    El presidente estadounidense volvió a confrontar a la prensa al descalificar públicamente a un periodista durante un evento en la Oficina Oval, reavivando las críticas por su trato hacia los medios de comunicación.

    El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, protagonizó un nuevo enfrentamiento con la prensa al callar y vetar públicamente a un reportero durante un evento en la Oficina Oval. En un video difundido en redes sociales se observa al mandatario interrumpir al periodista antes de responder su pregunta y lanzarle una descalificación directa: “Tú no, eres noticias falsas, nunca vuelvas a hablar, eres uno de los peores en el negocio”.

    Las imágenes muestran a Trump sentado en el Despacho Oval, rodeado de colaboradores, mientras señala con el dedo al comunicador y le niega la oportunidad de intervenir. El episodio se viralizó rápidamente y volvió a colocar en el centro del debate la relación del mandatario con los medios de comunicación, marcada por constantes confrontaciones y ataques verbales.

    No se trata de un hecho aislado. Desde el inicio de su segundo mandato, Donald Trump ha mantenido una postura abiertamente hostil hacia periodistas y medios que considera críticos de su administración. En diversas conferencias y eventos oficiales ha recurrido al calificativo de “fake news”, ha interrumpido preguntas incómodas, ha descalificado reporteros e incluso ha evitado responder cuestionamientos formulados por determinados medios.

    Las acciones del mandatario han generado preocupación entre organizaciones defensoras de la libertad de prensa, que advierten sobre el impacto de este tipo de conductas en el ejercicio periodístico. Para diversos analistas, utilizar la investidura presidencial para desacreditar o silenciar públicamente a periodistas envía un mensaje adverso para el derecho a la información y el debate democrático.

    La polémica también pone en evidencia una contradicción en el discurso de la administración de Trump, que suele presentarse internacionalmente como defensora de la libertad de expresión, mientras su presidente acumula episodios de confrontación con la prensa y descalificaciones contra quienes realizan preguntas incómodas. El nuevo incidente vuelve a alimentar las críticas sobre el trato que la Casa Blanca dispensa a los medios de comunicación.

  • Norberto Rivera y sus lujos millonarios: el contraste con quienes hoy hablan de “censura”

    Norberto Rivera y sus lujos millonarios: el contraste con quienes hoy hablan de “censura”

    El cardenal emérito adquirió dos propiedades en una de las torres más exclusivas de la Ciudad de México, una compra que volvió a poner bajo la lupa el patrimonio de la jerarquía católica.

    El cardenal Norberto Rivera Carrera, una de las figuras más influyentes de la Iglesia católica en México, desembolsó más de 20 millones de pesos para adquirir dos departamentos de lujo en la Torre Mítikah, uno de los complejos inmobiliarios más exclusivos de la Ciudad de México.

    Los inmuebles, identificados como los departamentos 4201 y 4205, fueron comprados el 29 de febrero de 2024. Cada propiedad tenía un valor aproximado de 10 millones de pesos, por lo que la operación representó una millonaria inversión inmobiliaria por parte del cardenal emérito.

    Además del costo de los departamentos, Rivera pagó más de 1.3 millones de pesos por concepto del Impuesto Sobre Adquisición de Inmuebles (ISAI) y otros derechos relacionados con la compra. Posteriormente, promovió un amparo al considerar excesivos esos cobros y un tribunal ordenó la devolución de los recursos.

    La adquisición generó críticas debido al contraste entre el estilo de vida asociado a la alta jerarquía eclesiástica y los cuestionamientos que durante años han rodeado a Rivera por su cercanía con grupos de poder, así como por polémicas relacionadas con su gestión al frente de la Iglesia católica mexicana.

    El caso también volvió al debate público justo cuando sectores conservadores han salido a criticar medidas como la llamada “Ley Antimentiras”, argumentando defensa de la libertad de expresión. Sin embargo, sus detractores señalan que figuras como Rivera han sido cuestionadas durante años por temas de privilegios, opacidad y rendición de cuentas.

    Más allá de la devolución fiscal obtenida por la vía legal, la compra de dos departamentos millonarios en Mítikah reavivó una pregunta sobre el patrimonio de algunos líderes religiosos: ¿cómo se construyen y justifican las grandes fortunas dentro de instituciones que históricamente han llamado a la austeridad?

  • Arquidiócesis se suma al  PRIAN y TV Azteca; ahora acusa “censura”

    Arquidiócesis se suma al PRIAN y TV Azteca; ahora acusa “censura”

    La Iglesia católica cuestionó la consulta sobre la regulación de contenidos y advirtió sobre un supuesto riesgo de censura, en una narrativa que coincide con la impulsada por la oposición y los grandes consorcios mediáticos.

    La Arquidiócesis Primada de México decidió entrar al debate sobre la reforma en materia de telecomunicaciones y contenidos, repitiendo un discurso que desde hace semanas impulsan el PRIAN, TV Azteca y otros grupos de oposición. A través de un editorial publicado en Desde la Fe, la Iglesia advirtió que cualquier mecanismo para revisar la veracidad de la información podría convertirse en un acto de “censura previa”, pese a que el Gobierno federal mantiene abierta una consulta pública sobre la iniciativa.

    En su posicionamiento, la Arquidiócesis sostuvo que ninguna autoridad administrativa debería decidir qué opiniones pueden difundirse, al considerar que ello afectaría la libertad de expresión. También defendió que la diversidad de opiniones fortalece la democracia y llamó a que sean los ciudadanos quienes contrasten la información y formen su propio criterio, en lugar de que exista una supervisión estatal sobre los contenidos.

    La postura llama la atención porque coincide casi punto por punto con la narrativa promovida por dirigentes del PRIAN, comentaristas opositores y empresas como TV Azteca, que han presentado la propuesta como un intento de censura, aunque el proceso sigue en discusión pública e incluye temas como el derecho de réplica, la diferenciación entre hechos y opiniones y la protección de las audiencias.

    Además de rechazar cualquier mecanismo de revisión previa, la Iglesia propuso fortalecer la autorregulación de los medios mediante códigos de ética, garantizar el derecho de réplica cuando una publicación afecte a terceros y promover una ciudadanía crítica capaz de verificar la información que consume. También pidió que las plataformas digitales y sus algoritmos estén al servicio de las personas y no de intereses ideológicos o comerciales.

    El editorial concluye con un llamado a que medios, autoridades, plataformas y ciudadanía compartan la responsabilidad de construir un debate público informado, insistiendo en que la libertad se fortalece con mayor compromiso ético y no con restricciones.

    Sin embargo, para muchos observadores resulta llamativo que la Arquidiócesis haya decidido sumarse a una narrativa prácticamente idéntica a la que han encabezado TV Azteca y los partidos del PRIAN, quienes han convertido el debate sobre la reforma en una campaña política contra el Gobierno federal.

  • Maru destina más de 3 mil 342 millones para censurar medios y controlar la narrativa mediática

    Maru destina más de 3 mil 342 millones para censurar medios y controlar la narrativa mediática

    Mientras acusa recortes presupuestales, la gobernadora de Chihuahua multiplicó el gasto en Comunicación Social. Diversos señalamientos apuntan a que los recursos públicos se utilizan para premiar medios afines y castigar las voces críticas.

    La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, enfrenta nuevas críticas luego de que se revelara que su administración habrá destinado más de 3 mil 342 millones de pesos a Comunicación Social entre septiembre de 2021 y diciembre de 2026. De acuerdo con cifras oficiales de la Secretaría de Hacienda estatal, el presupuesto para este rubro pasó de 185.2 millones de pesos, aprobados originalmente por el Congreso para 2026, a 838.2 millones, un incremento de 352.6%, pese al discurso de austeridad y a las constantes quejas por supuestos recortes federales.

    El crecimiento del gasto ha despertado cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos para influir en la cobertura mediática. Según la información difundida, el dinero se destina a convenios publicitarios con televisoras, estaciones de radio, medios impresos, portales digitales, agencias de marketing, empresas de relaciones públicas, productoras audiovisuales e incluso operadores de redes sociales, mediante adjudicaciones directas y sin mecanismos públicos de verificación sobre el alcance real de las audiencias.

    Los señalamientos apuntan a que esta estrategia habría servido para favorecer a medios y comunicadores afines, mientras se limita el espacio para las voces críticas. Diversos analistas advierten que este modelo de asignación de publicidad oficial puede convertirse en un mecanismo de censura indirecta, al condicionar la independencia editorial mediante recursos públicos y afectar el derecho de la ciudadanía a recibir información plural.

    Las críticas también contrastan con el desempeño de la administración estatal en otros rubros. Mientras el presupuesto destinado a comunicación crece año con año, opositores y organizaciones civiles sostienen que persisten rezagos en salud, educación, infraestructura y atención a la Sierra Tarahumara, además de cuestionar la falta de nuevas obras hospitalarias y educativas durante el actual sexenio.

    El caso reabre el debate sobre el uso de la publicidad oficial como herramienta de presión política. Especialistas han insistido en que la asignación de estos recursos debe regirse por criterios transparentes, objetivos y verificables para evitar que el dinero público se convierta en un instrumento para premiar la cobertura favorable, castigar el periodismo crítico y limitar la libertad de expresión.

  • Sergio Sarmiento, empleado de Salinas, admitió que “los medios muchas veces mentimos adrede”

    Sergio Sarmiento, empleado de Salinas, admitió que “los medios muchas veces mentimos adrede”

    Una entrevista de hace 26 años volvió a circular en redes sociales y desató críticas contra el periodista de TV Azteca, quien reconocía que algunos medios difunden información falsa incluso de manera deliberada.

    Un video grabado el 31 de mayo del año 2000 volvió a colocar en el centro de la conversación al opinador Sergio Sarmiento, actual conductor de TV Azteca, empresa propiedad de Ricardo Salinas Pliego, alias “La Perrita de Trump”. En la grabación, el comunicador reconoce que “los medios muchas veces mentimos, a veces adrede y otras por otras razones”, una declaración que hoy ha sido retomada por usuarios de redes sociales para cuestionar la credibilidad de ciertos sectores de la prensa.

    Durante la conversación, Ciro Gómez Leyva le pide un ejemplo de esa afirmación. Sarmiento responde: “Supongamos que yo digo que alguien es culpable de narcotráfico sin ninguna prueba”. Inmediatamente, Joaquín López-Dóriga interviene para precisar: “Entonces eso es una calumnia”. El intercambio, ocurrido hace más de dos décadas, volvió a viralizarse en medio del debate sobre la responsabilidad de los medios de comunicación y la difusión de información sin sustento.

    La reaparición del video ocurre en un contexto donde algunos comunicadores han criticado los lineamientos sobre derechos de las audiencias y han denunciado una supuesta censura. Sin embargo, usuarios señalaron la ironía de que uno de los periodistas que hoy cuestiona la regulación haya reconocido públicamente, años atrás, que los medios también pueden mentir de forma deliberada.

    Las imágenes han sido utilizadas para evidenciar una contradicción en el discurso de quienes defienden la autorregulación absoluta de los medios, pero al mismo tiempo minimizan los efectos de la desinformación. La frase de Sarmiento fue interpretada como una admisión de que las noticias falsas, las acusaciones sin pruebas y las campañas mediáticas no siempre son producto de errores, sino que en ocasiones pueden responder a decisiones conscientes.

    Aunque el video corresponde al año 2000, su difusión ha reavivado la discusión sobre la ética periodística, la verificación de la información y el papel que desempeñan los grandes consorcios mediáticos en la formación de la opinión pública. Para muchos usuarios, las palabras de Sergio Sarmiento siguen siendo una de las confesiones más incómodas sobre el funcionamiento de una parte de los medios tradicionales.

  • Natalia Torres asegura que no hay democracia en México porque si criticas a la gente pueden responder

    Natalia Torres asegura que no hay democracia en México porque si criticas a la gente pueden responder

    La influencer aseguró que los nuevos lineamientos sobre derechos de las audiencias ponen en riesgo la libertad de expresión, aunque buena parte de sus argumentos parten de la premisa de que cuestionar a un comunicador equivale a censurarlo.

    La creadora de contenido Natalia Torres volvió a colocarse en el centro de la polémica al asegurar que en México la democracia está en riesgo por los nuevos lineamientos para proteger los derechos de las audiencias, impulsados por el gobierno federal. En un video difundido en redes sociales, sostuvo que las medidas representan un mecanismo de censura y que el Estado pretende decidir qué es verdad y qué es mentira en los medios de comunicación.

    Durante su mensaje, Torres criticó que los medios de radio y televisión deban diferenciar entre información y opinión, así como adoptar mecanismos para evitar la difusión de contenido falso o descontextualizado. Para la influencer, estas disposiciones abren la puerta a una supuesta persecución contra periodistas y comunicadores críticos del gobierno. En su interpretación, responder públicamente a una opinión o señalar información inexacta sería una forma de limitar la libertad de expresión.

    Sin embargo, el argumento ha generado críticas por una razón sencilla: que alguien responda, desmienta o cuestione un comentario no equivale a censura. La libertad de expresión protege el derecho a emitir opiniones, pero no garantiza inmunidad frente a la crítica o al debate público. En otras palabras, si alguien opina, otros también tienen derecho a responder, incluso si esa respuesta proviene desde espacios oficiales o de otros actores políticos.

    Torres también afirmó que la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) concentraría demasiadas facultades al supervisar el cumplimiento de los lineamientos. A partir de ello, concluyó que el gobierno actuaría como juez y parte. No obstante, los lineamientos presentados buscan establecer reglas para distinguir contenidos informativos de opiniones y fortalecer los derechos de las audiencias, una práctica que existe en distintos marcos regulatorios internacionales y que no implica, por sí misma, prohibir opiniones o investigaciones periodísticas.

    Paradójicamente, mientras denuncia una supuesta censura, Natalia Torres publicó un video de varios minutos criticando libremente al gobierno, sin que su contenido fuera retirado, bloqueado o prohibido. La polémica terminó alimentando un viejo debate en redes sociales: para algunos personajes públicos, la libertad de expresión parece significar el derecho a decir cualquier cosa… pero sin aceptar que los demás también puedan responderles.

  • Fox y Calderón vuelven a hacer equipo: ahora para gritar “censura” contra Sheinbaum

    Fox y Calderón vuelven a hacer equipo: ahora para gritar “censura” contra Sheinbaum

    Los expresidentes del PAN aseguraron que la iniciativa busca controlar a los medios, mientras la presidenta reiteró que la propuesta únicamente fortalece los derechos de las audiencias y no contempla censura.

    Los expresidentes Vicente Fox y Felipe Calderón arremetieron contra la presidenta Claudia Sheinbaum por los nuevos lineamientos de la Ley de Audiencias, al asegurar que representan un intento de censura contra los medios de comunicación. Sin embargo, ambos lanzaron sus acusaciones sin presentar pruebas de que la iniciativa restrinja la libertad de expresión o permita controlar contenidos informativos.

    La propuesta, impulsada por la Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) y sometida a consulta pública del 27 de julio al 21 de agosto de 2026, busca que las estaciones de radio y televisión distingan claramente la información de la opinión, separen la publicidad del contenido periodístico y fortalezcan los derechos de las audiencias mediante reglas de transparencia.

    A través de redes sociales, Vicente Fox aseguró que la reforma conduciría a una supuesta “dictadura” y llamó a la oposición a organizarse rumbo a las elecciones intermedias de 2027 para, según sus palabras, “sacarlos de Palacio”. El exmandatario retomó el discurso que ha sostenido desde el inicio de los gobiernos de la Cuarta Transformación, pese a que la iniciativa no contempla mecanismos para censurar opiniones o prohibir contenidos.

    Por su parte, Felipe Calderón cuestionó quién supervisaría la información emitida por el Gobierno federal y afirmó que no existe un mecanismo equivalente para evaluar los mensajes oficiales. Sus declaraciones también fueron interpretadas como parte de la ofensiva de la oposición contra la reforma, aunque el proyecto se centra en regular la relación entre concesionarios de radio y televisión y sus audiencias, no en controlar el debate público.

    Las críticas de ambos expresidentes contrastan con el historial de sus administraciones. Durante los gobiernos del PAN, organizaciones civiles y periodistas denunciaron casos de espionaje, presiones a medios y agresiones contra comunicadores, especialmente durante el sexenio de Calderón, marcado además por la estrategia de seguridad que derivó en un incremento de la violencia en el país. Pese a ello, ahora ambos se presentan como defensores de la libertad de expresión.

    Frente a los cuestionamientos, la presidenta Claudia Sheinbaum rechazó categóricamente que la iniciativa implique censura. Durante su conferencia matutina afirmó que “no hay censura ni va a haber censura en la ley”, y explicó que el objetivo es garantizar los derechos de las audiencias, brindar mayor claridad entre información, opinión y publicidad, así como fortalecer la transparencia en los medios de comunicación.