Etiqueta: columna

  • El ocaso del imperio y el amanecer del Sur: México en el eje del cambio

    El ocaso del imperio y el amanecer del Sur: México en el eje del cambio

    El sistema colonial occidental no colapsará de un día para otro, sino que se desangra lentamente en sus capitales financieras: Nueva York y la City de Londres. Lo que los economistas llaman recesión, contracción o ajuste fiscal es, en términos históricos, algo mucho más profundo: el momento en que el parásito descubre que el huésped ya no quiere alimentarlo. Durante trescientos años, el orden global fue una arquitectura de extracción sistemática.

    El petróleo del medio oriente, los minerales latinoamericanos, la mano de obra barata asiática y la deuda perpetua del Sur Global fueron los pilares invisibles sobre los que se construyó la prosperidad occidental. No fue desarrollo; fue rapiña institucionalizada con tratados firmados de por medio.

    La tesis que circula con creciente fuerza en los círculos de análisis geopolítico —y que merece ser tomada en serio, no como conspiración sino como lectura histórica— plantea que ese pacto colonial se ha roto de manera irreversible. Los síntomas son evidentes para quien quiera verlos sin los filtros de los medios hegemónicos: el rechazo progresivo al petrodólar como moneda de intercambio global, la expansión de los BRICS como bloque de contrapeso real, la expulsión de tropas francesas de Mali, Burkina Faso y Níger, la nacionalización de recursos estratégicos en países que antes eran patio trasero de Washington o Londres. El Sur Global no está pidiendo permiso para existir. Está construyendo su propio orden.

    Lo que resulta históricamente irónico —y políticamente revelador— es lo que ocurre dentro de las propias metrópolis imperiales. Las herramientas de control que Occidente perfeccionó en sus colonias —deuda impagable, vigilancia masiva, escasez manufacturada, precariedad laboral estructural— se aplican ahora sobre sus propias poblaciones. El ciudadano de clase media en Chicago o Manchester vive hoy una versión suavizada de lo que vivió el campesino congoleño o el obrero boliviano bajo el modelo extractivo: endeudado, vigilado, prescindible. Las élites, mientras tanto, ya no tienen lealtad nacional. Han mudado su capital, sus familias y sus intereses a Dubái, Singapur, Mumbai o Shenzhen. El capital no tiene patria; nunca la tuvo. Solo tiene rendimientos.

    Frente a este escenario, la posición de México no es periférica ni anecdótica. Es estratégica y, en muchos sentidos, ejemplar. México es un país que ha vivido en carne propia la lógica imperial: desde la Conquista hasta el TLCAN, pasando por la intervención francesa, el Porfiriato exportador y los programas de ajuste estructural del FMI que devastaron a la clase trabajadora en los años noventa. La memoria histórica mexicana no es nostalgia: es un mapa de las trampas que no se deben volver a pisar.

    La apuesta por la soberanía sobre los recursos estratégicos, articulada desde el gobierno de López Obrador y consolidada en el de Claudia Sheinbaum, no es un capricho ideológico ni un populismo improvisado. Es una respuesta política coherente a una realidad geopolítica en transformación. El litio no puede ser de las mineras canadienses. El agua no puede cotizarse en bolsa. La energía eléctrica no puede ser negocio exclusivo de capitales extranjeros mientras millones de mexicanos pagan tarifas impagables. Estas no son posiciones radicales; son condiciones mínimas de soberanía nacional en el siglo XXI.

    La multipolaridad emergente ofrece a México una oportunidad que no ha tenido en décadas: diversificar sus alianzas sin tener que arrodillarse ante Washington. No se trata de sustituir un amo por otro, ni de romantizar a China o Rusia como potencias benevolentes —porque no lo son—. Se trata de usar el nuevo tablero global para negociar desde una posición menos subordinada, para vender los recursos mexicanos a quien pague justo, para construir cadenas de valor propias en lugar de ensamblar para el vecino del norte a salarios de miseria.

    El mundo que viene no será más pacífico. La transición de un orden unipolar a uno multipolar es, históricamente, un período de turbulencia, conflicto y reconfiguración violenta. Pero para el Sur Global, y para México en particular, el caos del fin del imperio puede ser también un espacio de autonomía real. El cierre del ciclo que comenzó en 1492 no es una promesa de utopía; es la apertura de un margen histórico que sería un crimen político desperdiciar.

    México tiene litio, agua, posición geográfica, una demografía joven y una identidad civilizatoria que no le debe nada a ninguna metrópoli. La pregunta no es si el imperio se devora a sí mismo —porque ya lo está haciendo—. La pregunta es si México tendrá la lucidez y la valentía de no dejarse devorar con él.

  • Derecho a la participación política

    Derecho a la participación política

    En la Cartilla de Derechos de las Mujeres, el punto 11 nos habla de las mujeres y la participación política. En la 4T la participación femenina en este rubro ha sido fundamental para el cambio histórico que vivimos en el 2018. Por ello es vital para la continuación de esta nueva etapa en México, que las mujeres nos demos cuenta que nuestro voto hizo la diferencia para lograr la tan anhelada democracia. 

    Este apartado dice textualmente: “¿Sabías que las mujeres tenemos derecho a participar en distintos espacios políticos cuando votamos, nos organizamos y expresamos nuestra opinión? 

    La diversidad de mujeres en nuestro país ha abierto camino para estar cada vez más presentes en los espacios de toma de decisiones, incluyendo las decisiones públicas. 

    La participación política es cualquier acción que realizamos de manera individual o colectiva para influir en los asuntos de nuestro país, estados, municipios o comunidades. Es decir, no solo ejerces tu derecho a la participación política cuando votas, también lo haces cuando participas en una reunión vecinal.

    Tú tienes el derecho a votar de manera libre y secreta por quien te parezca la mejor opción para representarte. De esta forma se expresa la voluntad popular y se toma una decisión colectiva. Al mismo tiempo, también tienes derecho a postularte y a ser votada, a ocupar un cargo público y a participar en el gobierno. Sabemos que las mujeres muchas veces no estamos en igualdad de condiciones con los hombres, por lo que se han implementado estrategias como la paridad de género, para que puedas tener más oportunidades de participar. 

    Involucrarse en la política no solo es participar en las elecciones, tenemos otros derechos políticos importantes para nuestra intervención activa. Por ejemplo, el derecho a reunirse y organizarse para incidir en la vida pública a favor de tus intereses y el ejercicio de tus derechos, ya sea formando parte de proyectos artísticos o sociales, en un sindicato o en una manifestación pacífica. 

    Tienes derecho a que tus ideas y propuestas sean escuchadas y tomadas en cuenta. Recuerda que tu voz en la toma de decisiones es importante, pues así manifiestas tus ideas, demandas y necesidades. No hay democracia plena sin tu participación y la de todas las mujeres”.

  • Intemperie espiritual / Magnifica Humanitas I

    Intemperie espiritual / Magnifica Humanitas I

    Míster Robert Francis Prevost, septuagenario oriundo de Chicago, Illinois, y mejor como León XIV, publicó su primera encíclica el pasado 25 de mayo de 2026. El documento se titulada Magnifica Humanitas y fue firmado por el Romanus Pontifex estadounidense-peruano originalmente el 15 de mayo de 2026 —coincidiendo con el 135º aniversario de la histórica Rerum novarum de León XIII—. El eje central de la encíclica es la preservación de la persona humana en la era de la inteligencia artificial. El borrador original fue redactado en inglés —posteriormente, el texto fue revisado por especialistas de la Santa Sede para su traducción oficial a otros idiomas (español, italiano, alemán, francés, polaco, portugués y árabe) y para la elaboración de la versión final en latín—. El texto es muy extenso para una encíclica; tiene casi 42 mil palabras, unas 200 páginas.

    Magnifica Humanitas está organizada en una introducción, cinco capítulos temáticos y una conclusión, siguiendo un hilo conductor que va desde el diagnóstico de la realidad actual hasta la propuesta de una “nueva ecología humana” digital.

    León XIV plantea en la Introducción que no estamos viviendo una época de cambios, sino un cambio de época. Define el contexto actual como una “fractura antropológica” provocada por la aceleración tecnológica. No me parece que exagere.

    ·

    De entrada, conviene decir que la Introducción de la encíclica se titulada “El umbral de una nueva era”, es decir, el tono es esperanzador: se refiere no al fin de una época sino al inicio de otra. Con todo, el Papa establece el tono de urgencia que marcará el resto del documento. A diferencia de las encíclicas tradicionales, que suelen comenzar con una exposición histórica o una referencia exegética pausada, este texto se abre con una estocada directa al corazón de la modernidad tecnológica. El sucesor de San Pedro argumenta que la humanidad se encuentra en un momento de “fractura antropológica”, un concepto que utiliza para describir no sólo una transformación técnica, sino una mutación en la forma en que el ser humano se percibe a sí mismo, a su prójimo y a la realidad trascendente. 

    En este umbral, el Papa plantea que la aceleración tecnológica no es un proceso neutral ni se limita a meras herramientas de progreso.; argumenta que se trata de una fuerza que ha alterado la arquitectura fundamental de la convivencia entre la gente. La tesis central que recorre estas páginas introductorias es que hemos confundido la acumulación de información con la sabiduría, y la velocidad de procesamiento con la profundidad del pensamiento. Al respecto, León XIV es incisivo: “Hemos construido torres de silicio que, a fuerza de querer tocar el cielo de la omnisciencia, han terminado por sepultar nuestra capacidad de mirar a los ojos a nuestro hermano, confundiendo la verdad con la coincidencia estadística”. Esta cita encapsula el núcleo del malestar que el Papa identifica: la reducción del misterio humano a un conjunto de puntos de datos que pueden ser procesados, vendidos y manipulados. La verdad, coincido, difícilmente cae en el promedio.

    Para el máximo jerarca de los católicos, nuestro tiempo no debe ser visto simplemente como una era de cambios, sino como un verdadero cambio de época. La diferencia es fundamental: en un cambio de época, las estructuras de pensamiento que daban sentido a la existencia se desmoronan cuando las nuevas no han terminado de cristalizar, dejando al individuo en una intemperie espiritual. El Papa observa cómo la inmersión constante en entornos digitales ha creado una especie de “desierto interior”. La tecnología, lejos de liberarnos de las cargas mundanas, nos ha encadenado a una inmediatez asfixiante donde el silencio —entendido no como ausencia de ruido, sino como espacio para el encuentro consigo mismo— se ha vuelto un artículo de lujo. El Papa advierte: “La prisa algorítmica es la nueva forma de opresión. Mientras nos venden la ilusión de que todo está al alcance de un clic, nos están sustrayendo, de manera solapada, el derecho inalienable a la duda, al error y a la lentitud que requiere el amor”.

    A lo largo de esta introducción, León XIV desmantela la narrativa predominante que presenta a la Inteligencia Artificial como un ente imparcial. Por el contrario, sostiene que los algoritmos son, en esencia, “cargados de intenciones” y sesgos que responden a las agendas de poder de quienes poseen la infraestructura de datos. El Papa señala que esta concentración de poder es un riesgo para la democracia y la paz social, llamando a los gobernantes a no abdicar de su responsabilidad ante las corporaciones tecnológicas. El texto subraya que el diseño de los sistemas digitales actuales, orientados a la optimización del beneficio y la retención de la atención, es fundamentalmente incompatible con la dignidad humana si no se impone una ética superior. En palabras del pontífice: “No podemos aceptar que el futuro del hombre sea una variable de un modelo predictivo. La libertad no es un error de sistema que debe ser corregido mediante una optimización algorítmica, sino la condición sagrada bajo la cual el ser humano responde a la llamada de su Creador”.

    Finalmente, el Papa concluye la Introducción de su encíclica con una invitación que resuena con un tono profético. Reconoce la utilidad técnica de los avances, pero insiste en la necesidad de una “pedagogía de la resistencia”. No propone una huida del mundo ni una condena apocalíptica, sino una reorientación radical de nuestra mirada. La encíclica, por lo tanto, no se presenta como un tratado técnico para especialistas; pretende más bien ser un manifiesto de supervivencia para la humanidad. El Papa insta a los lectores a abandonar la lógica del “dataismo” y a recuperar la capacidad de asombro, la única herramienta capaz de distinguir lo auténticamente humano de la simulación. En el párrafo final de esta sección introductoria, León XIV lanza su exhortación más desafiante: “Es momento de detener la marcha frenética de nuestra autoproclamada omnipotencia tecnológica para preguntarnos, en el silencio del desierto de datos, si todavía sabemos qué significa ser, simplemente, un ser humano en presencia de otro ser humano”. 

    @gcastroibarra

  • México entre la crítica y la transformación

    México entre la crítica y la transformación

    Cada día se acerca más la época electoral y los golpes políticos vienen más duros. La pequeña oposición no quiere dejar escapar ningún detalle, ninguna acusación y, muchas veces, ni siquiera distingue entre hechos y versiones, con tal de intentar dañar la imagen de quienes hoy gobiernan México y mantienen la mayoría política en el país.

    Y es ahí donde vale la pena detenerse un momento y hacer algo que pocas veces hacen quienes viven del escándalo mediático: revisar números, revisar obras, revisar resultados y preguntarnos con honestidad qué país queremos construir.

    Porque más allá del ruido político, la realidad es que México vive una etapa de transformación social profunda que no puede negarse únicamente desde la narrativa del ataque permanente.

    Hoy los Programas del Bienestar alcanzan a decenas de millones de mexicanos. Tan solo la Pensión para Adultos Mayores continúa creciendo como uno de los programas sociales más grandes del continente, mientras el Gobierno federal proyecta superar los 42 millones de beneficiarios de programas sociales en 2026.

    Eso significa algo muy simple: millones de familias que antes no recibían absolutamente nada del gobierno hoy tienen un apoyo directo que les ayuda a pagar comida, medicamentos, consultas médicas, útiles escolares o simplemente sobrevivir en tiempos económicamente difíciles.

    Y aunque algunos sectores se burlen de ello desde estudios de televisión o redes sociales, para una madre soltera, un adulto mayor o una familia de escasos recursos, ese apoyo puede representar la diferencia entre comer o no comer.

    Mientras tanto, el sistema de salud mexicano también atraviesa una de las transformaciones más ambiciosas de las últimas décadas. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció recientemente la creación del Servicio Universal de Salud, que integrará al IMSS, ISSSTE e IMSS-Bienestar para permitir que cualquier mexicano pueda recibir atención médica independientemente de su afiliación.

    Y sinceramente, eso no es poca cosa

    La idea de que cualquier ciudadano pueda acudir a un hospital y ser atendido sin la angustia de “¿tengo seguro o no tengo seguro?” es una visión que históricamente solamente se veía en países desarrollados.

    Claro, faltan medicamentos, faltan especialistas, faltan muchas cosas todavía. Nadie serio puede negar que el sistema de salud mexicano tiene enormes retos acumulados durante décadas. Pero también sería injusto negar que existe una inversión histórica en infraestructura hospitalaria.

    Tan solo para este año se anunció la construcción de 24 nuevos hospitales en el país, además de miles de millones de pesos destinados a equipamiento médico de alta tecnología.

    El propio IMSS informó que durante los gobiernos de la llamada Cuarta Transformación se duplicará la creación de camas hospitalarias en comparación con los últimos seis sexenios anteriores: más de 10 mil nuevas camas frente a apenas 4 mil 300 construidas durante 36 años previos.

    También se encuentran en proceso nuevas clínicas, hospitales regionales y programas como “La Clínica es Nuestra”, enfocados en mejorar unidades médicas rurales y urbanas marginadas.

    Pero curiosamente, muchos de los comunicadores que todos los días hablan de tragedias, escándalos y ataques políticos, rara vez presentan estas noticias con el mismo entusiasmo.

    ¿Por qué no vemos grandes mesas de análisis celebrando que millones de personas podrían acceder a atención médica universal?

    ¿Por qué no escuchamos a ciertos periodistas de oposición hablar con bombo y platillo sobre nuevos hospitales, carreteras, programas sociales o inversiones industriales?

    Porque la crítica muchas veces dejó de ser una herramienta democrática para convertirse en una industria política.

    Y no, no se trata de decir que todo está perfecto. México sigue enfrentando enormes desafíos: inseguridad, corrupción, burocracia, violencia y desigualdad. Pero también debemos reconocer que el país no puede seguir viviendo atrapado en la nostalgia de los gobiernos del pasado.

    ¿De verdad queremos regresar a aquellos tiempos donde el presidencialismo se medía por el tamaño del avión presidencial, los lujos del poder y las giras internacionales millonarias?

    ¿Queremos volver a la época donde mientras el gobierno viajaba en medio del exceso, millones de mexicanos no tenían acceso a una clínica, una beca o una pensión?

    Porque esa también es memoria histórica

    Hubo años donde los viajes presidenciales costaban lo equivalente a construir escuelas, clínicas y carreteras. Años donde el poder político parecía vivir completamente separado de la realidad cotidiana del pueblo.

    Hoy México vive otro momento político. Uno imperfecto, sí. Pero también uno donde los sectores históricamente olvidados finalmente aparecen en la conversación nacional.

    Y mientras la oposición concentra buena parte de su estrategia en destruir narrativas, millones de mexicanos siguen recibiendo apoyos, siguen viendo obras públicas, siguen observando nuevos hospitales y siguen esperando que las cosas continúen mejorando.

    México es un gran país

    Un país que ha sobrevivido a errores históricos, crisis económicas, corrupción, violencia y gobiernos de todos los colores.

    Y quizás precisamente por eso hoy muchos mexicanos prefieren apostar por seguir avanzando, aun con dificultades, antes que regresar a modelos que durante décadas prometieron modernidad mientras millones permanecían abandonados.

    Las campañas seguirán subiendo de tono. Las acusaciones seguirán creciendo. Las redes sociales seguirán incendiándose todos los días.

    Pero al final, como siempre sucede en democracia, será la propia gente quien decida qué camino quiere tomar para el futuro del país.

  • Tráiler golpista

    Tráiler golpista

    Habían anunciado una megamarcha, donde los transportistas cerrarían todas las calles y carreteras, una asociación cada vez más débil llamada Alianza Nacional de Transportistas y Campesinos, ANTAC, que dirige David Estévez Gamboa, a quien dejaron plantado los maestros de la CNTE, los jubilados con pensiones millonarias, las madres buscadoras y los campesinos.

    Las marchas son importantes cuando las integra un nutrido grupo de personas, no tráileres que impiden el paso de los vehículos. Para cerrar una utopista se requieren dos camiones, es decir, dos choferes, pero no hay detrás de esta movilización gente que apoye la acción, simple demostración de fuerza, que radica en el espacio que copan los vehículos. No pueden cerrarse las arterias del país por unas decenas de inconformes que aseguran tener causas de su protesta a pesar de que las mesas de diálogo están abiertas.

    Buena parte de las peticiones originales de los transportistas han sido resueltas o están en vía de solución, incluso con documentos firmados por las partes; sin embargo, aseguran que ha habido muertes en los asaltos en los caminos del país, y que dichos asesinatos los censura el gobierno en los medios.

    Se trata de grupos de choque, que tienden alfombra roja a un golpe de Estado contra México. Las mesas están abiertas permanentemente y las desdeñan porque dicen que sólo serán promesas pero no permiten siquiera que esas promesas se expresen.

    El grupo de 200 transportistas en reforma muestra la fuerza que tiene este movimiento el que llaman resistencia, pero carece de representación, social y gremial. Para hacerse notar no tuvieron otra alternativa que hacer escándalo y mostrar una conducta agresiva, empujaron a los uniformados y los insultaron hasta el cansancio, pero no por ello puede ser respetable un movimiento que sólo quiere mantener un conflicto que ya se solucionó.

    Mantener vivo un conflicto implica ocupar las calles para los medios que también forman parte del golpe de estado, y así, registren imágenes de que el país está en llamas, de esa manera se cumple con dos funciones elementales de los golpes blandos que el manual de la CIA utiliza para destituir a presidentes electoras democráticamente: violencia callejera y difusión desproporcionada de los hechos.

    Argentina es un ejemplo claro del voto de una sociedad manipulada por la Casa Blanca. Ahora le va peor que si hubiera sufrido un golpe de estado militar, el hambre y la miseria que los medios convencionales ubicaban en países como Venezuela o Cuba, ambos con bloqueo de Estados Unidos, en el caso de Argentina, cuenta con el apoyo de Estados Unidos, de ahí la hambruna.

    La marcha mostró una expresión minoritaria violenta, sin oportunidad al diálogo y rechazar cualquier tipo de acuerdos. En más de una ocasión se han parado de las mesas de diálogo los transportistas intempestivamente, sin siquiera escuchar los argumentos de las autoridades.

    Si las mesas de diálogo están abiertas, ya no se trata de un a situación entre gobernantes y gobernados, nada tiene que ver con la democracia o la justicia, sino de maleantes contra el orden público que deben ser sancionados de manera ejemplar.

  • La CDMX da un paso histórico por el derecho al cuidado

    La CDMX da un paso histórico por el derecho al cuidado

    La Ciudad de México acaba de aprobar una de las reformas sociales más importantes de los últimos años. El Congreso capitalino avaló la nueva Ley del Sistema de Cuidados, una iniciativa que busca reconocer algo que durante décadas fue invisibilizado: cuidar también es trabajo y debe ser una responsabilidad compartida entre el gobierno, las familias, la comunidad y el sector privado.

    Esta nueva ley representa un cambio profundo en la forma en que la capital entiende los cuidados. Ya no se trata únicamente de apoyar a ciertos sectores vulnerables, sino de reconocer que todas las personas, en algún momento de su vida, necesitan cuidar o ser cuidadas. Desde niñas y niños hasta personas adultas mayores, personas con discapacidad o quienes enfrentan enfermedades, el cuidado se convierte ahora en un derecho humano garantizado por el Estado.  

    Uno de los puntos más relevantes de esta legislación es que pone sobre la mesa una realidad que millones de mujeres viven todos los días: la enorme carga de trabajo doméstico y de cuidados que históricamente ha recaído sobre ellas sin reconocimiento económico ni social. La ley busca reducir esa desigualdad mediante políticas públicas que redistribuyan estas tareas y permitan construir relaciones más equitativas dentro de los hogares y la sociedad.  

    En términos prácticos, el nuevo Sistema de Cuidados permitirá crear y fortalecer centros de atención para infancias, personas mayores, personas con discapacidad y personas en situación vulnerable. Además, se contemplan espacios de apoyo para quienes dedican gran parte de su tiempo a cuidar a otros, incluyendo programas de descanso, capacitación, profesionalización y acompañamiento emocional.  

    Otro aspecto clave es que la ley busca combatir la llamada “pobreza de tiempo”, una problemática que afecta principalmente a las personas cuidadoras. Muchas veces, quienes cuidan no tienen tiempo para estudiar, trabajar, descansar o incluso atender su propia salud. Por ello, la legislación plantea impulsar esquemas laborales más flexibles, licencias de maternidad y paternidad más incluyentes, así como mecanismos que ayuden a equilibrar la vida personal y laboral.  

    La ley también establece la creación de un padrón de personas cuidadoras y programas de apoyo para quienes realizan cuidados de tiempo completo, especialmente en casos de personas con necesidades intensas de atención. Esto significa que el trabajo de cuidados comenzará a tener mayor reconocimiento institucional y social en la capital.  

    Además, la reforma incorpora principios fundamentales como igualdad de género, accesibilidad, inclusión, interculturalidad y no discriminación, lo que permitirá que los servicios de cuidado se adapten a las distintas realidades sociales de la ciudad.  

    Otro punto importante es que las alcaldías estarán obligadas a destinar presupuesto específico para fortalecer estos servicios y ampliar su cobertura en cada demarcación. La intención es que el acceso al cuidado no dependa de la situación económica de las familias, sino que exista una red pública y comunitaria capaz de responder a las necesidades de la población.  

    La aprobación de esta ley coloca a la Ciudad de México como una de las entidades más avanzadas del país en materia de derechos sociales y bienestar. Más allá de la creación de nuevos programas, la reforma representa un cambio cultural: reconocer que cuidar sostiene la vida, la economía y el funcionamiento de toda la sociedad.

    Para millones de capitalinos, especialmente mujeres, madres trabajadoras, personas adultas mayores y familias cuidadoras, esta nueva legislación podría significar más apoyo institucional, mejores servicios y una mejor calidad de vida. La Ciudad de México comienza así una nueva etapa donde el cuidado deja de verse como una obligación individual y pasa a convertirse en una prioridad pública.

  • La segunda transformación judicial: legitimidad, territorio y confianza pública

    La segunda transformación judicial: legitimidad, territorio y confianza pública

    Durante años, millones de mexicanas y mexicanos aprendieron a tenerle miedo a la justicia. No al delito, sino al sistema. Miedo a denunciar y no ser escuchados. Miedo a perderse entre trámites interminables. Miedo a instituciones lejanas que parecían hablar un idioma distinto al de la vida cotidiana. Por eso, la nueva reforma judicial enviada por el Gobierno federal no debería entenderse solamente como un ajuste constitucional. En realidad, revelaría que el Estado mexicano comenzó a reconocer que la reforma de 2024 necesitaba corregirse antes de que el nuevo modelo perdiera legitimidad frente a la ciudadanía.

    La elección popular de juezas, jueces y magistraturas cambió la historia del Poder Judicial mexicano. Sin embargo, la experiencia de 2025 también dejó señales de alerta: boletas excesivamente complejas, demasiadas candidaturas, perfiles difíciles de evaluar y una ciudadanía que, en muchos casos, votó sin comprender plenamente qué estaba eligiendo. La baja participación y la dificultad para identificar perfiles técnicamente sólidos comenzaron a evidenciar que democratizar el voto judicial no bastaría por sí mismo para construir confianza pública.

    Ahí aparece el verdadero sentido de la nueva iniciativa impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum. La reforma propone mover la próxima elección judicial de 2027 a 2028, homologar elecciones judiciales federales y locales, reducir significativamente el número de candidaturas, simplificar boletas y reorganizar distritos judiciales para hacer más comprensible el proceso electoral. También plantea crear una Comisión Coordinadora encargada de homologar criterios de evaluación, revisar requisitos y aplicar exámenes de conocimientos para quienes aspiren a cargos judiciales.

    Técnicamente podrían parecer ajustes administrativos, pero políticamente representan algo más profundo: el Gobierno entendió que el nuevo sistema corría el riesgo de saturarse, desgastarse y perder credibilidad si no se fortalecían mecanismos de organización y filtros técnicos. La reforma original abrió las urnas al Poder Judicial; la nueva reforma parecería intentar evitar que esa apertura termine debilitando la capacidad institucional de quienes deberán impartir justicia.

    Incluso algunos cambios aparentemente menores reflejan preocupaciones mucho más grandes. La posibilidad de reducir candidaturas mediante insaculación, la intención de disminuir saturación visual en boletas y la permanencia temporal de personas juzgadoras cuyo encargo concluía en 2027 mostrarían que el Estado busca estabilizar políticamente el nuevo modelo antes de enfrentar otro proceso masivo de elección judicial. En otras palabras, la reforma no solo corregiría aspectos electorales; también intentaría contener riesgos de improvisación, polarización y desorden operativo que comenzaron a detectarse después de la elección de 2025.

    Pero el problema de fondo no terminaría en las boletas. En distintos encuentros ciudadanos comenzó a repetirse la misma sensación: millones de personas siguen sintiendo que la justicia continúa lejos de sus vidas. Muchas veces el conflicto no empieza en un tribunal, sino antes, cuando nadie explica cómo denunciar, cómo defenderse o cómo acceder realmente a las instituciones. Ahí es donde la reforma comienza a tocar un terreno mucho más profundo: la legitimidad social.

    A partir de ahora, juezas y jueces ya no dependerían únicamente de conocimientos técnicos o resoluciones judiciales. También enfrentarían una legitimidad permanente frente a una sociedad más crítica, más participativa y mucho más atenta al comportamiento de sus instituciones. La confianza ya no terminaría el día de la elección; tendría que construirse todos los días frente a una ciudadanía que exigiría cercanía, claridad y sensibilidad institucional.

    En medio de esa transformación comenzaron a fortalecerse espacios ciudadanos como JUSTA. La reciente instalación del capítulo Estado de México, encabezado por la Mtra. Amelia Ivonne Mejía Guerrero, reunió a juezas, jueces y representantes sociales en torno a un mensaje central: la nueva etapa judicial necesitaría cercanía con la ciudadanía, organización territorial y mecanismos permanentes de confianza pública alrededor de la justicia mexicana.

    La segunda transformación judicial mexicana apenas comienza. La elección popular de jueces abrió una etapa inédita en la historia del país, pero el verdadero desafío sería mucho más profundo: lograr que millones de personas vuelvan a sentir que la justicia también les pertenece. La nueva reforma confirma que el futuro del Poder Judicial ya no se definiría únicamente en tribunales o reformas constitucionales, sino también en la capacidad de construir confianza pública, cercanía social y legitimidad cotidiana frente a la ciudadanía.

  • Raúl Castro, la soberanía cubana y la hipocresía de Washington

    Raúl Castro, la soberanía cubana y la hipocresía de Washington

    Cada cierto tiempo, desde Estados Unidos reaparece el intento de criminalizar a figuras históricas de la Revolución Cubana. Ahora el objetivo vuelve a ser Raúl Castro, en una narrativa que pretende presentar a Cuba como amenaza mientras se omite deliberadamente una parte fundamental de la historia: décadas de agresiones, terrorismo y operaciones encubiertas impulsadas o toleradas desde territorio estadounidense contra la isla.

    Porque para entender el conflicto entre Cuba y Estados Unidos hay que recordar algo que muchas veces se borra convenientemente: la Revolución Cubana no solo enfrentó bloqueo económico, sino también sabotajes, atentados y grupos violentos organizados desde Miami.

    Uno de los casos más conocidos fue el de la organización Hermanos al Rescate, presentada durante años por medios estadounidenses como una agrupación “humanitaria”. Sin embargo, desde Cuba se denunció reiteradamente que sus sobrevuelos violaban el espacio aéreo cubano y eran utilizados como provocaciones políticas en coordinación con sectores anticastristas radicales.

    Al frente de ese grupo estaba José Basulto, personaje ligado históricamente a operaciones apoyadas por la CIA y entrenado en el contexto de las acciones encubiertas contra Cuba durante la Guerra Fría.

    Washington exige respeto absoluto para su seguridad nacional y su espacio aéreo, pero durante décadas toleró —e incluso protegió políticamente— operaciones aéreas ilegales contra un país soberano.

    Lo que rara vez se menciona es que el gobierno cubano emitió múltiples advertencias antes del derribo de las avionetas de Hermanos al Rescate en 1996. Según registros y denuncias del propio gobierno de la isla, existieron alrededor de 25 advertencias previas señalando que esos vuelos debían detenerse porque violaban el espacio aéreo cubano.

    La pregunta es simple: ¿qué habría hecho Estados Unidos si aeronaves vinculadas a grupos hostiles sobrevolaran repetidamente su territorio desafiando advertencias oficiales?

    Ninguna potencia del mundo permitiría operaciones aéreas ilegales permanentes sobre su territorio. Ningún Estado aceptaría provocaciones constantes sin responder.

    Ahí es donde el discurso estadounidense pierde legitimidad moral. Porque mientras acusa a otros de autoritarismo o violencia, ha respaldado históricamente bloqueos, operaciones encubiertas e incluso grupos vinculados a acciones terroristas contra la isla.

    La propia historia de la Red Avispa refleja esa realidad. Los agentes cubanos infiltrados en organizaciones anticastristas en Florida no operaban en medio de un escenario pacífico, sino en un contexto donde existían antecedentes de atentados, sabotajes y planes violentos contra Cuba. Desde la perspectiva cubana, aquellas operaciones eran parte de una estrategia defensiva frente a amenazas reales.

    Cuba tiene derecho a decidir sobre su espacio aéreo, sobre su seguridad nacional y sobre su destino político sin amenazas externas ni operaciones desestabilizadoras promovidas desde otro país.

    Porque detrás de los ataques constantes contra Raúl Castro y la Revolución Cubana no solo existe una disputa ideológica. También existe el intento permanente de castigar a un país que decidió no subordinase completamente a los intereses de Washington. Y eso, para ciertos sectores del poder estadounidense, sigue siendo imperdonable.

    Redes sociales

  • Entre rejas, periodistas y memorias de un México que no se olvida

    Entre rejas, periodistas y memorias de un México que no se olvida

    Recuerdo perfectamente aquel viaje. Yo tendría unos 14 años cuando, en unas vacaciones, mi padre me dijo: “Acompáñame a la Ciudad de México”. En aquellos años viajar desde Veracruz hacia la capital era toda una aventura. Íbamos en un Nissan Tsuru de dos puertas, sin aire acondicionado; el “clima” era bajar los vidrios y dejar que el aire entrara mientras avanzábamos entre curvas, neblina y carreteras interminables.

    Al acercarnos a Xalapa el ambiente cambiaba por completo. El calor del puerto quedaba atrás y comenzaban los paisajes montañosos, los bosques húmedos y ese frío característico rumbo a Puebla y la Ciudad de México. Para un adolescente ver aquello era como entrar a otro mundo.

    Pero el destino de ese viaje no era turístico

    Íbamos a visitar a un viejo amigo de mi padre que se encontraba preso en el Reclusorio Oriente: Cirilo Vázquez Lagunes, personaje polémico y conocido en el sur de Veracruz, particularmente en la región de Acayucan. Su nombre marcó una época completa en la política regional veracruzana. Para unos era un hombre generoso y protector; para otros, símbolo del viejo sistema político mexicano donde el poder regional se mezclaba con negocios, control territorial y relaciones políticas profundas.

    Recuerdo perfectamente aquel ingreso al penal. Las revisiones, los pasillos, las puertas metálicas, custodios observando cada movimiento y, al final, una especie de convivencia donde se reunían amistades, abogados y personajes ligados a la política y al periodismo. Yo era apenas un muchacho observando en silencio un mundo que todavía no entendía.

    Entre quienes rodeaban aquella mesa se encontraba el famoso abogado y exfiscal Javier Coello Trejo, conocido durante décadas como “El Fiscal de Hierro”, un hombre que tuvo enorme peso dentro de la procuración de justicia mexicana durante los años setenta y ochenta.

    Con el paso de los años entendí mejor quién era aquel personaje que observé de lejos en aquel reclusorio. Javier Coello Trejo construyó una carrera basada en una política de mano dura contra la corrupción y el narcotráfico. Fue precisamente el expresidente José López Portillo quien le otorgó el apodo de “El Fiscal de Hierro” debido a la cantidad de órdenes de aprehensión y procesos que impulsó contra funcionarios públicos, empresarios y personajes ligados a redes de corrupción.

    Durante su paso por la entonces Procuraduría General de la República, Coello encabezó investigaciones que derivaron en el encarcelamiento de cientos de funcionarios y exfuncionarios acusados de corrupción. Su trayectoria dentro de la PGR fue creciendo rápidamente hasta convertirse en uno de los hombres fuertes dentro de la procuración de justicia mexicana. Años después ocuparía posiciones clave dentro de la Subprocuraduría de Investigación y Lucha contra el Narcotráfico, una de las áreas más delicadas del país en aquellos tiempos.

    México atravesaba una etapa extremadamente compleja

    Comenzaban a crecer estructuras criminales ligadas al narcotráfico mientras coexistían enormes redes de corrupción política dentro de distintos niveles de gobierno. Coello Trejo se volvió conocido por actuar contra personajes que parecían intocables. Su nombre quedó ligado a investigaciones de alto impacto nacional y a una generación de fiscales que operaban directamente bajo la influencia del poder presidencial mexicano.

    Sin embargo, también fue una figura profundamente polémica. Su paso por la procuración de justicia estuvo acompañado de fuertes críticas relacionadas con abusos de autoridad, métodos excesivos y señalamientos sobre violaciones a derechos humanos. Esa dualidad convirtió a Javier Coello Trejo en uno de los personajes más controvertidos del sistema judicial mexicano contemporáneo.

    También recuerdo perfectamente escuchar hablar de José Luis Mejías, periodista veracruzano muy conocido en la región de Acayucan y dentro de los círculos políticos nacionales de aquella época. José Luis Mejías era amigo personal de Cirilo Vázquez y fue precisamente él quien lo vinculó y presentó con importantes personalidades de la política mexicana de aquellos años. Su famosa columna “Los Intocables”, iniciada en 1964, llegó a convertirse en una de las más leídas e influyentes del país. Primero fue publicada en El Universal y posteriormente en Excélsior, donde alcanzó gran notoriedad nacional.

    Mejías pertenecía a una generación de periodistas que convivían directamente con gobernadores, líderes sindicales, empresarios, mandos policiacos y figuras del poder presidencial mexicano. Eran tiempos donde el periodista no solamente escribía: investigaba, negociaba información, caminaba oficinas gubernamentales y conocía personalmente a quienes tomaban decisiones en el país. Su estilo crítico y directo le permitió construir una enorme red de contactos políticos en una época donde Veracruz tenía un peso importante dentro del sistema político nacional.

    Debo decirlo con honestidad: muchas de esas historias ocurrieron cuando yo todavía era muy pequeño o incluso antes de que naciera, ya que soy de 1981. No me tocó convivir directamente con personajes históricos del periodismo mexicano como José Luis Mejías o Manuel Buendía. Sin embargo, crecí escuchando hablar de ellos, de sus columnas, de su influencia política y del respeto y también temor que generaban dentro de ciertos sectores del poder mexicano. Con el paso de los años fui comprendiendo mejor la dimensión de aquellos personajes y el contexto político del México que les tocó vivir.

    Tampoco tuve el gusto de conocer personalmente a Manuel Buendía, pero sí he leído ampliamente sobre su trayectoria y tuve la oportunidad de ver documentales sobre su vida periodística y el enorme impacto que tuvo dentro del periodismo nacional. Buendía representó quizá una de las figuras más importantes del periodismo de investigación moderno en México. Su columna “Red Privada” era leída diariamente por políticos, militares, empresarios y funcionarios federales, ya que abordaba temas delicados relacionados con espionaje, corrupción, narcotráfico, servicios de inteligencia y relaciones de poder dentro del gobierno mexicano.

    Lo impresionante de Buendía era que logró investigar estructuras que para muchos eran prácticamente intocables en aquellos años. Sus publicaciones incomodaban profundamente porque exhibían conexiones entre poder político, seguridad nacional y grupos de interés. Su asesinato el 30 de mayo de 1984, en plena Ciudad de México, conmocionó al país entero y se convirtió en uno de los casos más emblemáticos contra la libertad de expresión en México.

    Años después comprendería mejor la dimensión de aquellos tiempos. México era distinto. El país vivía una mezcla extraña entre poder político centralizado, cacicazgos regionales, estructuras priistas dominantes y un periodismo que, aunque muchas veces limitado por el propio sistema, también produjo figuras verdaderamente valientes.

    Hoy el periodismo atraviesa otra crisis, quizá distinta, pero igual de peligrosa

    Antes muchos periodistas eran silenciados por el poder; hoy, además de eso, existe una batalla brutal por la narrativa. Redes sociales, grupos políticos, campañas digitales, intereses económicos y hasta estrategias internacionales buscan imponer percepciones a velocidades nunca antes vistas. El problema es que mucha gente ya no busca informar: busca destruir, polarizar o manipular.

    Y sí, hay periodistas extraordinarios en México. Guste o no su línea editorial, figuras como Joaquín López-Dóriga, Ciro Gómez Leyva, José Cárdenas, Carlos Marín o Azucena Uresti han sobrevivido décadas completas enfrentando presiones políticas, amenazas, cambios de régimen y ataques públicos. Eso no significa coincidir siempre con ellos; significa reconocer trayectoria y resistencia profesional.

    México necesita volver a encontrar equilibrio

    No todo lo pasado fue perfecto, pero tampoco todo fue absolutamente malo. Grandes políticos hicieron cosas positivas por el país, incluso desde partidos hoy criticados. Y también hay funcionarios actuales intentando sacar adelante una nación profundamente golpeada por violencia, corrupción, desigualdad y presión internacional.

    Debemos dejar de ver la política como una guerra de fanáticos donde unos son demonios absolutos y otros santos perfectos.

    La realidad mexicana siempre ha sido mucho más compleja

    Aquel viaje al reclusorio me dejó algo más que una anécdota. Me permitió entender que detrás del poder existen historias humanas, contradicciones, lealtades, traiciones y también silencios. Entendí que México no se puede explicar en blanco y negro.

    Y quizá por eso hoy valoro más a quienes todavía se atreven a informar con responsabilidad, aun en medio de amenazas, intereses económicos, campañas digitales y polarización.

    Porque mientras existan periodistas dispuestos a buscar verdad en medio del ruido, todavía habrá esperanza de entender realmente al país que somos.

  • La intolerancia panista

    La intolerancia panista

    El método de desechos tóxicos del PAN vuelve a estar en la información cotidiana. Antes el proceso de desperdicio estuvo protagonizado por la candidata del PRIAN a la Presidencia, ahora la estrella es la gobernadora de Chihuahua, la vuelven a dejar volar sola, sin asesoría ni guía, hasta que llega el momento que la alejan de la militancia y la cúpula del partido le da la espalda ante la falta de inteligencia de la acusada.

    Como sucedió con Xóchitl Gálvez, el PAN deja de apoyar públicamente a su gobernadora, ante los exabruptos, ante las cámaras, que mostró como si no estuviera en sus cabales. En situaciones muy similares a las de la candidata a la Presidencia, que parecía salirse no solo del guion sino de la realidad.

    La torpeza mostrada por la gobernadora en una serie de entrevistas señala con dedo flamígero, a quienes subastan sus espacios informativos sin importar que sus contenidos se basen en la verdad, la consigna o la mentira. Escogió entrevistas a modo, con conductores que podía controlar su dinero, intentaba limpiarse la cara, y naufragó entre los medios afines, por falta de vocación política e inteligencia.

    Maru Campos debió gastar millones de pesos de los chihuahuenses para tratar de limpiar su imagen en los medios de la capital, sin saber que se hundió más, tanto que su partido, la ha dejado sola.

    Los panistas son intolerantes y misóginos por excelencia, lo demuestran múltiples casos de represión de sus sexenios, y las actitudes de sus gobernadoras, sin importar sin son hombres o mujeres.

    La gobernadora de Chihuahua lo confirma al hacer todo lo posible para impedir, cerrando caminos y abriendo zanjas, la manifestación popular frente al palacio de gobierno pidiendo su destitución. Impidió llegar a la mitad de los contingentes que hubieran exigido su renuncia.

    Chihuahua no se caracteriza por protestar en las calles, la exigencia política pública fue muy castigada por la represión de gobiernos anteriores, alejó a los chihuahuenses de las calles, y les prohibieron las protestas, a grado tal de convertirlas en algo peligroso.

    Por otra parte, la gobernadora de Aguascalientes, Tere Jiménez, acusada de irregularidades financieras, ahora reprime con cárcel la diferencia de ideas. Carlos Darío “N” permanece en prisión preventiva, tras ser detenido arbitrariamente, luego de su participación en una manifestación contra la visita de la política española Isabel Díaz Ayuso.

    El 6 de mayo pasado, la presidenta de la Comunidad de Madrid, se reunió en Aguascalientes con gobernadores del PAN, encabezados por María Teresa Jiménez Esquivel, quien le besara la mano a una funcionaria menor de España como si se tratara de su soberana. La admiración por la monarquía no es gratuita, implica nostalgia por el sistema de represión que le identifica.

    La Fiscalía de Aguascalientes lo vincula a proceso por delitos contra la salud y daño a la propiedad.

    En caso de que se intensifiquen los cuestionamientos a Tere Jiménez, no es difícil prever que el PAN dejará sola a la gobernadora, y la colocará en el rincón de los olvidos como lo hizo con Xóchitl Gálvez, lo hace con Maru Campos y puede hacerlo con Tere Jiménez.