Mientras el gobierno legítimamente electo conduce la política exterior y de seguridad, figuras del PRI y PAN acudieron a una exclusiva cena donde se promovió un polémico “Tratado de Lucha Contra el Crimen” con Estados Unidos.
Una nueva reunión de personajes del PRIAN con grupos empresariales y políticos vinculados a Estados Unidos volvió a encender el debate sobre la soberanía nacional.
Durante una exclusiva cena organizada por la American Society (AMSOC) y copatrocinada por el usurero Ricardo Salinas Pliego, el presidente de la organización, Larry Rubin, propuso la creación de un supuesto “Tratado de Lucha Contra el Crimen” (TLCC) entre México y la Unión Americana.
El evento, realizado en el marco del 250 aniversario de la independencia de Estados Unidos, reunió a varios de los rostros más conocidos de la oposición mexicana: Alejandro Moreno, Jorge Romero, Ricardo Anaya, Lilly Téllez, Kenia López Rabadán, Mariana Gómez del Campo, Rosario Robles y Sergio Meyer, entre otros. Sin embargo, llamó la atención la ausencia del embajador estadounidense Ronald Johnson, cuya asistencia había sido confirmada previamente por los organizadores.
Durante su intervención, Rubin sostuvo que México y Estados Unidos deben elevar la cooperación en materia de seguridad para combatir al crimen organizado y el lavado de dinero. No obstante, la propuesta generó cuestionamientos, ya que ninguno de los políticos presentes forma parte del gobierno federal ni tiene facultades para definir la estrategia de seguridad nacional o la política exterior del país.

La escena pareció más un aquelarre de personajes rechazados una y otra vez en las urnas que una reunión con representación legítima de los intereses nacionales. Resulta inevitable preguntarse: ¿a quién representan realmente cuando hablan de acuerdos que involucran la seguridad y la soberanía de México? Muchos de los asistentes forman parte de los mismos grupos políticos que gobernaron durante décadas y que dejaron un país marcado por la corrupción, la violencia y los privilegios para las élites.
Mientras el pueblo mexicano eligió democráticamente un proyecto de transformación respaldado por millones de votos, algunos liderazgos del PRIAN continúan buscando reflectores en eventos privados y exclusivos. La cooperación internacional es necesaria, pero debe construirse desde las instituciones mexicanas y bajo el respeto absoluto a la soberanía nacional, no desde cenas patrocinadas por personajes que históricamente han confrontado al gobierno popular.
La realidad es contundente: las decisiones sobre la seguridad del país corresponden al gobierno elegido por las y los mexicanos, no a políticos de oposición que pretenden recuperar protagonismo desde foros extranjeros. La soberanía de México no está en venta ni se negocia en banquetes de élite; se defiende con el respaldo del pueblo.

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