Diversas candidaturas de derecha han ganado elecciones recientes en latinoamérica, la mayoría de sus triunfos se ha dado por márgenes estrechos, con participación de EUA y han dejado gobiernos que en vez de solucionar agravan las crisis existentes.
Con el reciente caso de las elecciones de Colombia, la derecha ha tomado ya varios países latinoamericanos, sin embargo, puede observarse un patrón recurrente: aunque la derecha ha logrado ganar, en la mayoría de los casos lo ha hecho con márgenes estrechos y en ambientes de fuerte polarización política, incluido la injerencia extranjera de Estados Unidos y Donald Trump, lo que cuestiona la solidez de su legitimidad política y su capacidad de enserio representar mayorías amplias.
En Argentina, la victoria de Javier Milei en 2023 se presentó en segunda vuelta con 55.65% frente a 44.35% de Sergio Massa, equivalente a una diferencia de 11.3 puntos porcentuales y cerca de 2.9 millones de votos. Sin embargo, ya en el ejercicio del poder, el gobierno de Milei, que ha mostrado orgullosamente su fanatismo a Donald Trump y empresarios como Elon Musk, ha llevado a Argentina a una severa crisis económica.
En Bolivia, el escenario electoral de 2025 tuvo la victoria de Rodrigo Paz, de derecha con una victoria de 54.5% frente a Jorge Tuto Quiroga con 45.5%, una diferencia de 9 puntos porcentuales. Su gestión ha sido señalada por un deterioro de las condiciones económicas y sociales, con tensiones fiscales y aumento del malestar interno. A ello se suma un giro en política exterior caracterizado por un mayor acercamiento a Estados Unidos, lo que ha reactivado debates sobre dependencia externa y alineamiento geopolítico.
En Chile, el triunfo de José Antonio Kast en 2025 con 58.6% frente a 41.4% de Jeannette Jara, con una diferencia de 17.2 puntos porcentuales. Aun así, su reciente gestión ha sido objeto de críticas por un endurecimiento político y por tensiones sociales derivadas de su agenda de orden público. A esto se suma su vinculación política con sectores identificados con el legado del pinochetismo.
En Ecuador, en 2025, la victoria de Daniel Noboa con 55.66% frente a 44.34% de Luisa González refleja una diferencia de 11.3 puntos porcentuales. Si bien el margen parece cómodo, el país mantiene una fuerte volatilidad política, ya que su gobierno ha sido objeto de críticas por el deterioro de la situación de seguridad interna, el aumento de la violencia ligada al crimen organizado y una percepción de debilidad institucional.
En Perú, el resultado casi definitivo de 2026 muestra a Keiko Fujimori con 50.11% frente a 49.89% de Roberto Sánchez, una diferencia de apenas 0.22 puntos porcentuales y alrededor de 39 mil votos. Este empate técnico evidencia una extrema fragilidad del mandato político y es un resultado que se ha puesto en entredicho, ya que no es una diferencia clara.
En Colombia, la elección de este 2026 evidencia uno de los escenarios más cerrados de la región, con Abelardo de la Espriella alcanzando 49.66% frente a 48.70% de Iván Cepeda, una diferencia de apenas 0.96 puntos porcentuales y cerca de 250 mil votos. Un proceso que ha estado rodeado de controversia, ya que De la Espriella ha enfrentado acusaciones de compra de votos y manipulación de apoyos en zonas clave. A ello se suma que el presidente estadounidense Donald Trump habría felicitado públicamente al candidato antes de una proclamación oficial definitiva, lo que fue interpretado como una intervención política en el proceso.
En conjunto, estos procesos electorales han resultado victoriosas candidaturas de derecha con márgenes frecuentemente ajustados, alta polarización interna y, en varios casos, un progresivo acercamiento a Estados Unidos y a agendas económicas de corte liberal.

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